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sábado, 1 de abril de 2023

¿Por qué debo tomar un sauna?

Cuando un simple duchazo con jabón no es suficiente, este procedimiento permite purificarte desde dentro.

 


El o la sauna, también conocido como baño sauna, es someter al cuerpo a altas temperaturas para que los poros de la piel se abran, se sude mucho más y se eliminen impurezas y toxinas de una forma complementaria al baño diario con agua y jabón.

 

No es una moda reciente. Investigaciones arqueológicas han encontrado que ya se venía practicando en Escandinavia desde hace 7000 años, mucho antes que los gimnasios clásicos. Ni qué hablar de los romanos imperiales para quienes la terma no solo era un sitio de salud física sino de encuentro social.

 

Si eres fisicoculturista o atleta, tomar un sauna debería ser parte de tu rutina semanal porque necesitas purificar tu piel a profundidad, necesitas un espacio de relajación personal y porque estimula la buena circulación. Y recuerda que, aunque hagas entrenamiento anaeróbico, una buena irrigación sanguínea favorece el desarrollo y mantenimiento de los músculos.

 


¿Cómo debo tomar un sauna?

Es recomendable programar una a dos visitas semanales al sauna. La técnica se basa en someter al cuerpo a cambios controlados de temperatura corporal para estimular la sudoración.

 

  1. Debes tomar una ducha fría, frotando la piel con jabón, comenzando por los pies y subiendo a la cabeza.
  2. entra al baño y permanece por lapsos de 15 a 20 minutos si eres principiante, y 30 a 45 minutos si ya tienes experiencia.
  3. Vuelve a tomar una ducha fría de 5 minutos comenzando por los pies y subiendo a la cabeza (también te puedes sumergir en una piscina o tina con agua fría).
  4. Repite todo el procedimiento una o dos veces más.
  5. Descansa acostado unos 15 minutos en un ambiente tranquilo y con poca luz.

 

Si eres principiante, con un ciclo de enfriamiento-calentamiento-enfriamiento, estás perfecto hasta que te atemperes para repetirlo, pero en una siguiente sesión.

 

¿Vapor o seco? Lo importante es que sudes. Sin embargo, podrías iniciar el primer ciclo con un baño de vapor y al siguiente entrar al baño seco. O en una sesión hacer seco, y vapor a la siguiente. Cada servicio de sauna debería tener un especialista que te indique incluso dónde debes ubicarte para gozar mejor de los beneficios.

 

Ah. Toma el baño sauna totalmente desnudo (si las reglas del lugar lo permiten). Si te cubres, tu cuerpo no sudará parejo, y la idea es que todo lo malo que tus poros retienen, se libere con suma facilidad. Es cierto que puedes sentir vergüenza, pero piensa que esto lo haces por salud, no necesariamente por vanidad. Aunque también es válido.

 


¿en qué casos no debo tomar un sauna?

  • Nunca tomes un baño sauna apenas termines de entrenar. Date un tiempo de descanso de, al menos, 15 minutos, e inicia el ciclo de enfriamiento. Si obvias este paso, puede que te desconpenses porque tu cuerpo ha sido sometido a agotamiento y el calor puede terminar por extenuarte.
  • Tampoco tomes un baño sauna apenas termines de comer. Espera unas 4 horas. No entres al sauna con el cuerpo sin glucosa: come algo que aumente ligeramente tu azúcar para evitar la descompensación debido al sudor.
  • Si sufres del corazón o los riñones, mejor consulta primero a un médico. Igualmente si tu piel sufre de irritación o tiene infecciones por bacterias o virus, es preferible que un médico tte indique si el sauna te hace bien o mal.
  • Al terminar la sesión de sauna, rehidrátate con agua o jugos de frutas. Nunca tomes bebidas alcohólicas porque si ya sales deshidratado, el alcohol terminará por deshidratarte más.

 

Por último: temazcal, hammam, onsen. ¿Cuál es mejor? En realidad todos funcionan bajo el mismo principio, solo que las formas de operación y los lugares donde se hallan más difundidos son diferentes; pero en esencia, todos consiguen el mismo exacto beneficio. ¿

 

Listo para ir al sauna? Cuéntanos en nuestra cuenta de Twitter, WhatsApp o en chulucanasgym@gmail.com

domingo, 8 de marzo de 2015

Hidratación y algo más





El agua es buena tanto por dentro como por fuera. No es broma, ni doble sentido.
Para quienes entrenamos, el consumo de agua es irrenunciable, pues todos los días debemos hidratarnos, y la primera razón es que nuestro cuerpo es agua en su 70%; por ejemplo: sangre, otros fluídos, tejidos internos, células de todos los tipos y hasta la piel.
Está claro que el consumo diario de agua que debemos tener es de dos a tres litros. Como referencia, se suele decir que cuatro vasos equivalen a un litro.
Especialistas que consultamos precisan que esta cantidad debe ser únicamente ese líquido. La que contienen los alimentos, especialmente las frutas ricas en ella (como la sandía), no entran en el conteo sino en las raciones de tu dieta, dependiendo de si recién te inicias o si ya tienes tiempo entrenando.
Mas bien, el agua y los alimentos son una excelente combinación, porque se transportan más rápidamente, y favorece que tu cuerpo elimine al máximo todo aquello que ya no necesita y que mas bien puede hacerte daño; esto quiere decir que es buena para el metabolismo de los alimentos, además de regularizar las funciones de excreción (Sudor, orina, heces).
En ese sentido, también el agua permite que el trabajo de ciertos electrolitos, o minerales que mejoran las funciones del cuerpo como el potasio (K) y el magnesio (Mg), se realice correctamente.
El K y el Mg están en los alimentos que consumes; el agua hace más fácil su transporte a través de la sangre, evitando el desgaste muscular.
Claro que esto solo ocurre si tu ciclo de dieta y ejercicio son adecuados.
Asimismo, el agua es clave a nivel microscópico para que las células de tu cuerpo realicen todas sus funciones en los tiempos adecuados.
Otro punto en el que coinciden los especialistas en salud es que te hidrates durante todo el día para que tus riñones estén purificando la sangre de manera constante.
“Si solo lo haces una vez al día, vas a terminar dañándolos porque habrá un momento en que no tengan cómo filtrar la sangre y termines acumulándoles trabajo; entonces, se enfermarán”, nos explicó uno de ellos.

Agua y musculación | Si  estás desarrollando entrenamiento para incrementar masa muscular, es obligatorio que consumas agua.
Su función principal es favorecer el crecimiento muscular. No es que el agua reemplace a la proteína, pero sí la ayuda a ser más rápidamente absorbida por el organismo, como ya lo contamos arriba.
Es importante que te hidrates a lo largo del día, pero con mayor cuidado antes de entrenar, durante el entrenamiento y tras él.
La primera ‘carga’ debe realizarse 20 minutos antes; luego durante tus descansos entre serie y serie o entre ejercicio y ejercicio. Cuando acabe tu sesión, debes hidratarte de inmediato.
Debido a que vas a sudar, necesitas reponer todo el líquido que pierdes para evitar que el cuerpo se fatigue con mayor rapidez, y te canses de inmediato. Si te cansas, no podrás rendir en tu rutina.
“es como si a un carro le pones gasolina pero olvidas el aceite”, nos compara un especialista. “Tarde o temprano, la máquina se fundirá!.
Esta apreciación médica contradice a la de varios instructores quienes recomiendan no tomar agua durante el entrenamiento. Y preferimos creerle a los médicos.
Cabe recordar que la sudoración es el proceso mediante el que nuestro cuerpo conserva la temperatura ideal para funcionar correctamente, es decir 36°C.
Hay bebidas especializadas para deportistas que te prometen rehidratación inmediata. Publicaciones orientadas a consumidores en Estados Unidos han indicado que solo se las beba siempre y cuando hayas realizado actividad física intensa, debido a que son ricas en carbohidratos. Si los ingieres, y no los necesitas, terminarán acumulándose en tu organismo como tejido que no necesitas.
Otro consejo que dan es que elijas las que no tienen color, ya que las sustancias que se lo dan podrían jugarte otros problemas de salud a la larga.

¿Cómo rehidratarte? | Ya dijimos que el agua es lo esencial para rehidratarte. Aunque las bebidas, jugos, frutas y hasta ciertos alimentos sólidos la contienen, no cuentan en tu cuota diaria. Nunca lo olvides.
A continuación, algunas reglas que siempre debes recordar:
  • Consume aua segura. Hiérvela si la obtienes de la red de agua potable; si la adquieres embotellada, infórmate (en los sitios de noticias) si tu empresa proveedora no ha tenido problemas sanitarios. Más líquido perderás si es que no tienes precaución en este punto, y todo lo que lograste, podría venirse abajo.
  • A propósito, preferentemente ten tu propia agua a la mano.
  • Nunca te hidrates con agua helada ni muy fría. La norma es que esté más fría que la temperatura ambiente, lo que usualmente llamamos “agua fresca”.
  • Si consumes bebidas rehidratantes, tómate un tiempo para leer sus valores nutricionales (Nutrition Facts), y comprobar si no te provocará otro tipo de efecto que no desees.
  • Mientras más agua elimines, más agua debes tomar, especialmente si enfermas. Durante la producción de este artículo no hemos encontrado consenso sobre las cantidades específicas que debes tomar durante el día, y como cada organismo es un mundo aparte, vale la pena que consultes a un médico sobre tu propio caso, y de esa manera puedas organizar tu propia estrategia de hidratación. Probablemente debas tomar un vaso de agua por hora con el consiguiente incremento antes, durante y después de entrenar.
  • No esperes tener sed para beber. Especialistas coinciden que la sed es el alerta que lanza tu organismo para decir que está deshidratándose. Incluso si no sientes sed, bebe agua.
  • Aunque las bebidas alcohólicas tienen agua, la verdad es que las tienes contraindicadas (especialmente si estás tomando suplementos), pues tu híghado y tus riñones consumen más de prisa tus reservas de agua para compensarte. Además, las bebidas alcohólicas aportan grandes cantidades de azúcar, que estropean cualquier ciclo de entrenamiento.
Y como dijimos al inicio, el agua es buena por dentro y por fuera. Ya te lo contamos anteriormente: después de entrenar toma un baño con agua fría para estimular la circulación de la sangre.
En periodos de frío, el agua caliente es la tentadora forma de no obviar el baño diario, pero ciertos médicos han sugerido que acelera el envejecimiento de la piel.
En este punto, recuerda no desperdiciar agua mientras te bañes. Solo úsala para humedecer tu cuerpo y para enjuagar el jabón; pero eso de tener la llave abierta si no la requieres, desperdicia agua que incluso tú necesitarás en el futuro. Promueve esta conducta entre la gente con quien entrenas, y en el gimnasio al que acudes.

Y ya que entrenar genera ambientes llenos de gérmenes, antes de llevarte cualquier cosa a la boca, lávate bien las manos con agua y jabón (líquido, de preferencia). Una simple medida sanitaria de 20 segundos que evitará que pierdas más agua de lo que requieres al día.