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lunes, 14 de agosto de 2023

Mi perfil: Ronny Rondón

Mi cambio comenzó esa tarde cuando me vi en el espejo frente a la ducha.

 


Soy Ronny José Rondón Acosta, entrenador de fitness y musculación, hijo de Juan José Rondón Tovar y Nely Josefina Acosta Vallejo; nací en Cumaná (Venezuela) en 1989.

 

El gran cambio que di a mi vida sucedió a los 18 años de edad; pero antes, quiero que pienses en este dicho del filósofo griego clásico Sócrates ( 470 aC a 399 aC) : “Una vida sin examen no merece la pena de ser vivida”. Acompáñame a continuación para entender cómo aplicó a la mía.

 

En 2007, egresé como Bachiller en Ciencias del Liceo José Castro Machado y las buenas calificaciones no era lo único que traía desde mi niñez: el sobrepeso me venía perturbando la vida constantemente. De hecho, era uno de esos tres venezolanos y venezolanas que estaban por encima o muy por encima de un peso saludable.  

 

Con mi 1,70 metros de estatura, yo tenía 96 kilos. Para que te hagas una idea, solo entraba en pantalones talla 36 y mis camisas tenían que ser talla XL.

 


Según la Clínica Mayo, “La obesidad es una enfermedad compleja que consiste en tener una cantidad excesiva de grasa corporal. Agrega que no solo se trata de un “problema estético. Por su parte, para el Diccionario Oxford, la segunda acepción de sobrepeso es, simplemente, “el exceso de peso de una persona o un animal”. Para mí, no era así de simple.

 

Cuando tienes obesidad, a menudo tu imagen corporal  es negativa o distorsionada respecto a  la realidad: te sientes mal, sufres, y hasta sientes que la sociedad te rechaza. En este punto, conviene que trabajemos y readaptemos para liberar esa insatisfacción con nuestro cuerpo; pero sigamos con mi experiencia.

 

Crecí en la casa de mis abuelos maternos. Una tarde, entré al baño justo antes de llegar al patio. Mientras me duchaba, miré mi cuerpo en el espejo. Allí mismo, entre esas cuatro paredes, me juré que nunca más  volvería a ser gordo.

 

Ese mismo día decidí entrar en un gimnasio. Me tocó una de las mejores profesoras de musculación y fitness, que me fue desafiando a entrenar y lograr el cuerpo que tengo ahora”, y que luzco orgulloso. Hoy uso camisas talla M debido a que tengo mi espalda ancha, y mis pantalones son talla 32.

 



Como dije al inicio, soy entrenador de fitness y musculación. Hoy tengo alumnas que comenzaron como yo, con obesidad, y tiempo después lucen físicos atractivos.

 

Cuando veo hacia atrás, y concretamente a esa tarde cuando mi imagen se reflejaba en ese espejo mientras me duchaba, y me comparo con el momento actual, por encima de todo siento orgullo, y siento que ésta es apenas una de las primeras metas que he conseguido en mi vida. Aún me falta mucho terreno por conquistar, pero espero contártelo en otra entrada. ¿Volverás a acompañarme?

 

Contacta a Ronny Rondón | Conversemos en X | chulucanasgym@gmail.com

  

viernes, 22 de octubre de 2021

Bailando por puro gusto

Mientras asistimos a una de sus clases, recorremos su historia marcada por el triunfo.

 




7:25 de la mañana. La clase aún no comienza. Sólo están algunos jóvenes que usan la sala de máquinas del gimnasio. La señora Cruz “Cucha” Castillo comienza a colocar los steps esperando a los alumnos (más alumnas, en realidad) de todas las mañanas. El equipo de sonido está sintonizado a una estación local, que pasa algo de música y noticias, mientras el sol se cuela por las ventanas. Es el gimnasio Rosmy, en Jardín, en el sector oeste de Sullana, Perú, y todos están esperando a Cristian Reyes, el instructor de aeróbicos que va a dar su primera clase del día.

 

 La vida entre el día de su nacimiento, un 29 de agosto de 1984 en la ciudad de Sullana (Perú), y poco después que cumplió 14 años era como la de cualquier muchacho. Ese día, la instructora de un gimnasio lo vio bailar y quedó sorprendida. La oferta fue directa: “¿Te interesa bailar para mi gimnasio?” Cristian cuenta que respondió afirmativamente; desde entonces, todo ha sido distinto. Se involucró con el mundo de los gimnasios, y perfeccionó su talento. Se presentó en varios eventos y siempre lograba obtener las primeras ubicaciones.

 

Cristian ha llegado. Todos ingresan a la sala de aeróbicos del gimnasio. La música comienza a sonar. Él dice que es mezclada ex profeso para las clases. Se comienza respirando; hay que henchir los pulmones, pues de esto se trata. Lo que pocos advierten es que el compás de la música está secuenciado al mismo ritmo de los latidos del corazón.

 

 El aeróbico busca mejorar la circulación de la sangre y la respiración. Además permite eliminar grasa y toxinas eficazmente si es que se hace de forma constante y sostenida. Cristian comienza un básico frente al step. La cosa hasta acá es sencilla; sólo subes, bajas, y, eventualmente haces una flexión. La idea es hacerlo al ritmo de la música.

 




 La gran oportunidad llegó a sus 20 años. Cristian fue delegado a un concurso nacional de baile, y no defraudó. Se enfrentó a concursantes de todo el país y regresó a Sullana con el título bajo el brazo. Para entonces, no sólo se había dedicado al baile, sino que había incursionado en los aeróbicos.  Algunas de sus alumnas se quedaron fascinadas por logros evidentes: control de peso, agilidad

 

 “Te sientes bien cuando la gente comienza a mencionar las cosas que ganaste, en lo que trabajas”, comenta. El parlante ahoga la voz de Cristian, mientras intenta explicarnos cual será el próximo movimiento. Cuestión de coordinación: el aeróbico pone a prueba nuestras sinapsis con la finalidad de acertar a dar el paso correcto en el tiempo correcto, y encima, guardar armonía con el resto del grupo. Trabajo colectivo, también.

 

 La música tiene la cadencia del secuenciador techno, pero de pronto se oyen crossovers con el pop, el rock, el latin-pop, el merengue, el huayno elegante, y hasta la saya. “Es la nueva tendencia: se trata del full-body”, nos explicará después. Es  la mitad de la clase, y los efectos se comienzan a sentir además del sudor copioso, algo de agotamiento y sed. Pero hay que seguir; al menos los de la primera fila de steps no parecen estar pasándola tan mal.

 

 No es casualidad que Sullana obtenga logros. “Está a mejor nivel incluso que [la ciudad de] Piura”, sentencia Cristian. No es un pionero en el tema, pero es uno de los más entusiastas, en realidad. Por eso trata de no perder una oportunidad para bailar, o, como hace ahora, enseñarle a otros a hacerlo.

 


Ha recibido muchos reconocimientos por haber instruido a niños, principalmente,  de diversos colegios de Sullana.  “Lo que nos hace falta es apoyo”, dice. “No es como en otros países donde sí se da ese apoyo”, y aunque reconoce que cada vez hay más profesionales en el campo, siente que las oportunidades no están fácilmente al alcance de la mano.

 

 Ya han pasado cincuenta minutos desde que la clase comenzó. Uno que otro ha desertado. Respiramos de nuevo, nos estiramos. Cinco minutos de eso. Cristian aplaude dirigiéndose a los alumnos (de acuerdo, más alumnas que alumnos) de ese día, señalando el fin de la clase. Algunos aún se quedarán a trabajar cintura. Si es lunes, miércoles o viernes, Cristian continuará una rutina de máquinas.

 

El día acaba de comenzar. Él tiene muchas cosas por hacer, y aún regresar al gimnasio para la clase con el grupo de la tarde. El fin de semana posiblemente haya una presentación, o a lo mejor lo pasará con su familia.

 

El día que la Asociación de Jóvenes Residentes de la Urbanización Jardín (AJR Jardín) de Sullana condujo una jornada con estudiantes del último año de secundaria del colegio INIF 48, Cristian estuvo presente. Su misión era lograr que ciento y medio de chicas se movieran al ritmo de la batuca, con ayuda de algunos de los chicos de la asociación. Todos se movieron; bueno, casi todos, pues al fondo la directora del plantel y algunos profesores sólo miraban.

 

 Otro talento que tiene escondido este muchacho es una buena voz para el canto. “Pero sólo canta para mi en ocasiones especiales”, bromea la señora Castillo. Ni modo, el chico es algo tímido, aunque el escenario no le es un terreno desconocido. Al fin y al cabo, es un ganador, y el que gana algo, siempre espera algo mucho mayor. Y que conste que cuando le preguntan por qué hace todo esto, él sólo tiene una respuesta: “Porque me gusta”.

 

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viernes, 23 de abril de 2021

Certificación requerida

Una propuesta para afrontar la informalidad en el entrenamiento físico

 



Ya hemos llamado la atención sobre la aparente falta de control en las maneras cómo se trata al alumnado en los gimnasios de Piura. Desde una ausencia de supervisión en la metodología de entrenamiento, hasta el tráfico de anabólicos esteroides, pasando por una adecuada consejería psicológica, el tema no ha sido del interés de las autoridades pertinentes.

 

Mientras tanto, hombres y mujeres usan el servicio sin saber si la inversión que realizan les traerá o no algún beneficio para su vida. La aparición de una franquicia en las ciudades de Sullana y Piura ha introducido un servicio que todos los gimnasios no poseen: nutricionistas. Aunque las consultas están incluídas en el costo de la membresía, éste se ubica por encima de lo que la mayoría puede pagar.

 

Una manera de afrontar el problema es la certificación de instructores e instructoras, pero una búsqueda que realizamos para tener una entrevista que nos permita poner en perspectiva esta inquietud, con alguno o alguna, no arrojó resultados. Por otro lado, la Federación de Fisicoculturismo de Piura sí ha convocado a capacitaciones especializadas con certificación, pero se desconoce si hay una evaluación que permita conocer si lo aprendido en estos cursos se aplica, y de qué modo.

 

Aún así, Piura se ha convertido en una plaza de este deporte, y todos los meses de marzo se organizan los concursos de Mister y Miss Piura, para premiar a las personas que en base a su esfuerzo, y alguna ayuda ¿extra’, han logrado estética y plasticidad… aunque no necesariamente buena salud.

 


La unión da más fuerza

César Campos fue elegido como Mister Piura 2011, tras años de esfuerzo continuo por obtener un reconocimiento en el fisicoculturismo. Durante la etapa nacional –el Mister Perú- ocupó el cuarto lugar en la clasificación general. Desde 2007, Campos trabaja en un conocido gimnasio en el centro de Piura, tras haberlo hecho desde los 20 años en su natal Sullana.

 

Antes de que se mudara buscando un mejor futuro profesional, estuvo empeñado en la creación de una federación de fisicoculturismo en Sullana. Su principal preocupación era la falta de certificación de instructores e instructoras de esa localidad. Ni las autoridades ni la mayoría de sus colegas le apoyó, bien sea porque no entendían la importancia del proceso, o por simple envidia comercial: juntarse con la competencia y hacer un solo frente para también exigir mejor trato laboral no fue bien visto por la patronal sullanera.

 

El gimnasio donde trabajó en Sullana fue parte de la franquicia que estaba introduciendo nuevas prácticas en la forma cómo se trata al alumnado. Hace buen tiempo, intentamos tener una entrevista con el instructor a cargo para explorar este tema, pero no obtuvimos respuesta.