1. Verifica las condiciones del tiempo
4. Nunca olvides el botiqquín médico
7. Deja el espacio limpio
No solo
se ha tratado de abrir más gimnasios. El gimnasio es, en todo caso, el espacio ideal para que
la tradición se mantenga siempre viva;
pero la Historia nos cuenta que desde Lacedemonia, antigua Grecia, en el siglo
XVIIII a.C., hasta Esse, actual Alemania, en 1852, y desde ahí a nuestros días,
la importancia de esta institución para el aprendizaje y el desarrollo de la cultura física no ha decaído. Todo lo
contrario.
Consideremos
esta primera idea: no es la instalación lo que hace perdurable al
fisicoculturismo. Los primeros gimnasios eran grandes terrenos al aire
libre delimitados con muros, donde los
atletas entrenaban completamente desnudos; hoy, aunque la idea podría sonar muy exótica
de rescatar, lo que ttenemos son edificios que conservan el mismo concepto de
aquellos grandes terrenos pero bajo techo (la mayor parte) y con las
comodidades de la arquitectura moderna.
Obviamente,
la mayoría ya no entrenamos desnudos sino que incluso a la hora de nuestra rutina, inevitablemente
terminamos sucumbiendo al mercadeo de las grandes marcas deportivas. Recordemos
que también podemos entrenar al aire libre y podríamos conseguir el
mismo efecto si lo hacemos correctamente.
Entonces,
una segunda idea que deberíamos considerar es que el gimnasio, antes que el
espacio físico, se trata de una institución con 38 siglos de existencia, y en
tanto creación humana, es sin duda la presencia de personas que entrenan e
inspiran a otras para seguir entrenando y consiguiendo nuevas metas.
Esos
modelos que nos inspiran, los conozcamos en persona o no, en pedagogía se les
llama mentores, las personas que forman en nuestras cabezas aquello que
deseamos o queremos ser. Tenemos mentores para todas las cosas: nuestra
profesión, nuestra forma de vestir, nuestros ccriterios para elegir pareja o
amistades, en fin… piensa en tu vida actual y entenderás que alguien te inspiró
a ser quien eres y hay alguien que te está inspirando a ser alguien más.
es
probable que no nos propongamos ser mentor de nadie, y estamos en nuestro
derecho, pero igual somos un ejemplo y alguien se va a ver en nosotros para
seguir entrenando, o dejar de hacerlo. Y a medida que avancen los años, ese a
quien hemos inspirado va a inspirar a otra nueva generación, y así
sucesivamente.
Pero si
eres consciente de cuánto tu ejemplo puede influir en la vida de otra persona o
de otras personas y deseas tomar control de la situación, sí sería bueno que
tengas en mente un plan o metodología que le permita a quien o a quienes
inspiras que aprendan el fisicoculturismo de modo progresivo y secuencial, que
lo aprecien de manera positiva, y que valoren sus primeros logros como una
creación propia que pueden ir mejorando.
De este
modo, vas construyendo un legado o herencia de conocimientos y actitudes
en torno al fisicoculturismo, cuyo propósito debe ser la mejora de las formas
de entrenamiento, el incremento de la calidad de vida, la
autovaloración afirmativa y positiva, y el anhelo de que quienes vienen detrás
evolucionen la cultura física para su beneficio y el de quienes vendrán tras
ellos. En este sentido, la mentoría y el legado harán del fisicoculturismo una
actividad sostenible en tiempo y espacio.
Esto
implica que te eduques, que te prepares para que cuando ese nuevo
fisicoculturista o atleta se te acerque, tengas respuestas verdaderas, precisas
e inspiradoras. No es que te vas a convertir en su entrenador físico, pero podrías complementar
favorablemente el trabajo de estos profesionales de tal forma que esa persona
tenga ganas de regresar a ejercitarse al día siguiente, y la semana siguiente,
y el mes siguiente, y el año siguiente.
Sería
interesante si esas estrategias de mentoría y legado se coordinan precisamente
con el entrenador físico para que haya unidad en los mensajes y en la calidad
de los ejemplos. Además, esto, más allá de cuánto peso levantas, puede
convertirse en una oportunidad natural para forjar relaciones sociales
constructivas que formen una comunidad con la que siempre se pueda contar.
Prepárate
y cuéntanos tu experiencia, o intercambiemos consejos: conversemos en nuestras
cuentas de Facebook o Twitter o también en nuestro correo, chulucanasgym@gmail.com
A continuación te enlazamos a la experiencia que se está
desarrollando en Callao, Perú.
El modelo presentado en esta entrada es José Escobar.
El
perfil de quienes dan esta razón es usualmente gente profesional con mucha
carga laboral o familiar, que se potenció durante la pandemia de la Covid-19, y cuyos niveles de
estrés son altos. En este grupo también están quienes perdieron familiares o
gente muy querida debido a la peste que se ha llevado decenas de millones de
vidas en todo el mundo.
Desde el
punto de vista de la salud mental, no hay mucho que explicar. El poder del
ejercicio físico como un generador de equilibrio emotivo está harto comprobado por la simple
razón de que el entrenamiento hace más eficiente tu segregación hormonal, en
especial el que evita o controla condiciones como la depresión o la ansiedad, y
regula tu metabolismo.
Tras
ingresar a un grupo que entrena gimnasia y funcional, está bajando de peso (anda por los 85 kg),
ha notado que su salud física y mental ha mejorado, y encima su estado de ánimo
pasó de la ira a la risa y la calma. Sin embargo, cuando le pedimos posar para
unas fotos, declinó: “Ahí nomás; solo lo hago porque quiero sentirme bien
conmigo mismo”.
Igual
pasa con un comunicador social en Piura, Perú, 31 años, 1,83 metros de
estatura, y que de 100 kg ahora está pesando 90 kg… y bajando. “Yo no entreno
para que la gente me vea o me admire sino porque me siento mejor conmigo
mismo”, repite. Y todas las mañanas acude al gimnasio para su rutina de pesas y
funcional. Y testimonios como los suyos se repiten.
Y si
eres entrenador, ya lo habrás notado. Quizás te frustre el hecho de que, a
diferencia de otros alumnos que sí quieren mejorar su físico sea para competición o por simple vanidad,
este grupo no pone ese objetivo por delante.
No te
equivoques al interpretar que no les interesa crecer de forma visible. Lo que
en realidad les interesa es crecer internamente. Tu trabajo, antes que
criticarles por no ser como el resto, o cometer el error de compararles con el
alumno más musculoso de tu clase, es elevar sus niveles de motivación personal, desafiarles a ser una
mejor versión de sí mismos. Quizás en algún momento, necesiten conversar para
sanar, así que te recordamos cómo
proceder en esos momentos.
En la
medida en que reciban este tipo de retroalimentación, es probable que
progresivamente vayas estimulando su espíritu competitivo-deportivo, y ellos
mismos sean quienes se vayan agregando mayores niveles de exigencia hasta
conseguir resultados similares o mejores que los de tus alumnos de competición
o de ejercitarse-para-verse-bien. No te sorprenda si algún día, ellos mismos te
pidan que los prepares para el siguiente torneo.
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