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martes, 12 de diciembre de 2023

Las siete grandes pruebas de Freddy Pozo

Este atleta revela qué lo hizo sostener una carrera deportiva a pesar de los obstáculos.

 

 

Todas las fotografías del archivo de Freddy Pozo.

 

Freddy Daniel Pozo Guerrero nació en la Ciudad de Piura, Perú, el 7 de octubre de 1982. Cuando todavía estudiaba en el colegio san Miguel de esta ciudad, debutó como atleta en los Juegos escolares de 1994. Por su talento, fue reclutado dentro de los llamados Polos de desarrollo promovidos por entrenadores cubanos.

 







en 1997, clasificó a un torneo a nivel del norte peruano, y ese mismo año logró un cupo para otro de alcance nacional.

 

A partir de 1999, comenzó a entrenar con José Bonilla Cortez. Para el año siguiente,  ganó las maratones de Ciudad de Piura, de Trujillo (ambas en Perú), y de Macará (Ecuador). Sus logros como deportista calificado le permitieron ingreso directo a una universidad en Trujillo, en 2001, donde destacó en las pruebas pedestres de 5K  y 10K, mientras que en pista obtuvo lugares destacados en las pruebas de 800 metros y 1500 metros.

 

Cuando su carrera deportiva iba en ascenso, llegó la primera dificultad. Una lesión lo obligó a detenerlo todo. Le quitaron la beca.

 

Tuvo que regresar a Piura donde ingresó a otra universidad. El cuerpo pareció responderle de nuevo al punto que fue campeón universitario de atletismo entre 2005 y 2007. Uno de sus mayores logros fue ganar en Cuenca (Ecuador) dentro de su categoría: acumuló 71,5 km en 6 horas.

 

A pesar que ese año se colocó como el Mejor Piurano en la Media Maratón de Piura, en 2008 decidió dejar el deporte y concentrarse en sus estudios. Enfrentaba su segunda gran dificultad. Buscó auspicios, pero nadie se los otorgó: “el deporte no es rentable porque tienes que entrenar seis horas diarias”, cuenta, y aparte del tiempo, hay que invertir en alimentación y suplementos. El dinero era lo que faltaba.

 

Esta decisión le acarreó una tercera dificultad. Freddy mide 1 m 66 cm. En 2008 pesaba 56 kg. Frenar de golpe lo hizo aumentar paulatinamente 40 kg.

 

Una cuarta dificultad lo regresó al atletismo aunque no a nivel competitivo. Su madre fue diagnosticada con cáncer, en 2016. Inicialmente ella lo sobrevivió, y parte del tratamiento fue la actividad física. Freddy se convirtió en su entrenador.

 

Junto a su madre vivió una quinta dificultad. Una aparente negligencia médica provocó que ella falleciera en 2019.

 

Freddy se refugió en el deporte. Por las mañanas salía a correr y por las noches iba al gimnasio donde se inició en una disciplina olímpica: el levantamiento de potencia, muy diferente al fisicoculturismo, porque mientras en el primero se busca sostener un peso en el aire la mayor parte del tiempo con la menor cantidad de impulsos, en el segundo básicamente se modelan los músculos.

 







“Mucha gente me recordaba por mi época de deportista,” comenta Freddy.

 

Fue cuando llegó la sexta dificultad. Alguien usó un pesticida para envenenar a un colega suyo. Por alguna razón, Freddy resultó envenenado. Su sistema nervioso central fue atacado provocándole una parálisis temporal que con los años se ha convertido en una fibromialgia, definida por la Clínica Mayo como “dolor y sensibilidad muscular generalizada”.

 

En el caso de Freddy, le quitó flexibilidad. Como las fisioterapias le costaban muy caro, él tuvo que aprender a practicárselas. Hasta abrió un centro especializado, pero lo debió cerrar debido a la pandemia de la Covid-19. He aquí la séptima dificultad.

 

Durante el encierro, estudió balonmano y voleibol, de los que se graduó como técnico. Lo interesante es que nunca en su vida los había practicado. “soy un poco autodidacta”, afirma. “Lo que he aprendido es por mi propia cuenta”.

 

A la fecha, Freddy Pozo entrena a equipos de balonmano en las categorías sub13 y sub17, pesa 75 kg, y cree que el deporte lo ayudó a superar cada dificultad; incluso lo ha rejuvenecido: “El entrenamiento y el estilo de vida me hacen ver como un chico de 27 años”, asegura.

 







¿Tienes una historia parecida? Cuéntanos en
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jueves, 21 de julio de 2022

[Fotos y videos] El circuito del Chira en bicicleta

Todas las imágenes son cortesía de Mario Arias.

 









Justo enfrente de la ciudad de Sullana y a orillas del río Chira, los ciclistas han descubierto todo un circuito que va por caminos de limo y arcilla entre plantaciones de plátano. Se trata de un área estimada en unos 800 km2 y con una altitud que varía entre los 60 metros y los 680 metros incluyendo los distritos de Marcavelica y Querecotillo, en el centro norte del departamento de Piura.

 









El área no está oficialmente delimitada, pero a falta de una política clara sobre promoción del deporte de competición al aire libre, los propios ciclistas han decidido ponerla en valor y hasta organizar torneos. Por supuesto, el lugar también está disponible para que tú lo visites y recorras en su compañía.

 








Éste no es el único lugar en todo el departamento de Piura que presenta condiciones ideales para el ciclismo de montaña. El territorio, de más de 35 mil km2, tiene altitudes variables que van desde el nivel del mar hasta los 3900 metros en su zona andina, y virtualmente cada espacio es idóneo para muchos deportes de aventura. Hay dos aeropuertos, así que tu conexión hasta acá está garantizada. Si necesitas más información o deseas planificar tu ruta, contáctanos a nuestra cuenta de Twitter o escríbenos a chulucanasgym@gmail.com 

jueves, 22 de agosto de 2019

Si te duele, entrena de nuevo

Arte por Franklin Juárez, exclusivo para ChulucanasGym


¿existe algo peor para una persona que ha dedicado buena parte de su vida a realizar actividad física intensa? Sí, existe, y no estamos hablando de ya no realizarla a menudo o del todo, sino de la consecuencia tras un periodo de inactividad corto o largo: dolores musculares y articulares.  


Dependiendo del tipo de entrenamiento que hayas tenido, las molestias suelen presentarse usualmente en los costados de la nuca, los hombros, los brazos, casi toda la espalda (especialmente la región lumbar), la zona superior de los glúteos (y eventualmente su zona inferior), los muslos, las rodillas y las pantorrillas (ver las figuras).


Es cierto que los masajes son de ayuda; pero, ¿y si el dolor es recurrente? Muchos seguidores nos contaron que habían comenzado a sentir particularmente dolores de espalda, y todos localizados en la zona lumbar. Eso llamó nuestra atención, así que, en el proceso de averiguar los antecedentes de actividad física, en todos los casos hallamos que entrenaban pesas, aeróbicos, baile y hasta fútbol.


Todas las personas que nos consultaron no se conocen y no viven en un mismo punto geográfico, pero teníamos la referencia de la actividad física intensa, así que nos preguntamos qué pasaría si la retomaban.  Quienes lo hicieron experimentaron una disminución gradual del dolor, al punto de desaparecer.


“Me dolía hasta cuando descansaba, pero cuando volví a jugar fútbol, fue cediendo”, nos confió Franklin Juárez (32), en Tambogrande, Perú, quien además colabora con ilustrar este artículo.


¿Cuál es el principio detrás del alivio? Cuando practicamos actividad física intensa de forma periódica, sometemos al cuerpo a una constante renovación de tejido muscular, preparándolo para condiciones de movimientos más fuertes que el simple caminar o mover extremidades. Entonces, programamos nuestro cuerpo para que realice esa renovación de manera continua debido a que cada fibra sufre un proceso de atrofia o modificación que hace más eficiente el esfuerzo que realizamos.


Si dejamos de hacerlo, esa atrofia regresa paulatinamente a su estado inicial porque el tejido muscular es elástico. Y como ya no estamos realizando el proceso voluntario de expandirlo y contraerlo, éste termina replegándose, enviando un estímulo al cerebro que es interpretado como dolor. Recuerda que lo mismo sucede cuando te musculas: como la fibra se rompe, se inflama y usa el mismo sistema de alerta para indicar que algo se está modificando allí dentro.


Así que nuestras opciones son mantenernos estáticos o seguirnos moviendo. Si decidimos lo primero, es probable que los dolores continúen hasta que la atrofia muscular se revierta; si vamos por lo segundo, la atrofia muscular continúa y el cerebro mantiene la programación de tener el cuerpo listo para el tipo de actividad que realizamos.


¿Y qué hay del sobrepeso que se experimenta cuando se deja de hacer actividad física intensa? Debido a que nuestro cuerpo se programa para asimilar más glucosa, que utilizamos como energía para el trabajo muscular, como ya no la empleamos como una especie de combustible, tendemos a acumularla como tejido adiposo. Sin embargo, especialistas en salud que revisaron nuestro informe negaron una relación entre dolor y sobrepeso.


Aún así, muchos de ustedes que retomaron la actividad física intensa han reportado que conforme perdían peso, el dolor disminuía hasta incluso desaparecer. Los especialistas nos explicaron que esa sensación se debe mas bien a que hemos reactivado el proceso de atrofia para el que ya habíamos programado a nuestro cuerpo, como lo decíamos más arriba.


En conclusión, si has practicado actividad física intensa, la dejas de golpe por mucho o poco tiempo y los músculos comienzan a dolerte, prueba a entrenar otra vez como antes, y es probable que esa molestia cese. No olvides consultar a tu médico si ésta parece comprometer otros órganos de tu cuerpo, y nunca te automediques. Mientras seguimos informando, comparte tu experiencia en los comentarios aquí abajo o en nuestra cuenta de Twitter.

miércoles, 31 de julio de 2019

Por qué deberías enamorarte de la cultura física

Como Luis Rodríguez se lo contó a ChulucanasGym


Hace poco descubrí muchas cosas sobre la cultura física, cosas que no sabía en absoluto que existían. Por eso es importante la historia. Estoy actualmente haciendo un curso de la Federación Internacional de Fisicoculturismo y Fitness, la IFBB como se le conoce en inglés, paraperfeccionarme como entrenador personal. La IFBB está en más de 160 países, entre ellos Perú.


Entre los profesores que nos ilustran con sus enseñanzas, se encuentra Jorge Montero, un conocedor de la cultura física milenaria. Yo le llamaría a esta cátedra Historia de la Cultura Física, la que se remonta al sigloXV con la escuela francesa de Marcet Rouet, cuando se creó el primer centro de entrenamiento con mancuernas hechas con balas de cañón, y otros instrumentos que se siguen utilizando actualmente, y una de las cosas que siempre confirmo en clases es que no se ha inventado nada sobre la cultura física: todo existía.


Ahora, a mi criterio, la cultura física representa movimiento. El cuerpo humano está diseñado para movernos, para estar activos, y es algo que debe ser fundamental en nuestras vidas. Y me llega ahora un pensamiento del padre de la cultura física, Hipólito Triat, que "hay que cultivar, al mismo tiempo tanto el cuerpo como el espíritu, pues ambos son los que conducen, como dos caballos, al hombre", y siempre lo llevo presente.


Para mí, la cultura física se convirtió en algo fundamental. Desde los 15 años hago musculación. Principalmente lo hice por que no me sentía bien siendo tan delgado: pesaba 50 kilos, estaba esquelético, siempre he luchado con mi peso. Soy de somatotipo ectomorfo, bien complicado para ganar masa muscular; pero me enamoré de los resultados, de olvidar todo por 45 minutos. Es que el solo entrenar demanda mucha capacidad cerebral: te conectas entre respirar, contraer, estirar. ¡No tienes cabeza para nada más!


Actualmente ya es parte de mi vida. No sé qué haría sin realizar actividad física, porque no solo soy amante de las pesas si no todo lo que tenga que ver con actividad física: correr, trail (montaña) nadar, escalar, deportes extremos, carreras de obstáculos( inkaChallenge, SpartaRace). Me gusta la adrenalina y la satisfacción de lograr cosas. Creo que de eso se trata la vida.


Beneficios increíbles

    • Antienvejecimiento: tengo 32 años de edad y parezco de 25. Bueno, así me dicen y yo me lo creo. Sinceramente me siento de esa edad.
    • Inmunosuficiencia: ¿En el año sabes cuantas veces me enfermo? ¿Cuantas veces tengo resfriados? Una o dos veces si acaso.
    • Mayor potencia sexual: Mis niveles de testosterona siempre están altos debido al trabajo de fuerza. Ésto se traduce a más vigor, más ejercicio cardiovascular cuando hago el amor.
    • Exfoliación: Mi piel está siempre limpia ya que al sudar liberamos toxinas, y posteriormente regeneramos tejido.
    • Felicidad: Debido a las endorfinas, serotoninas, y otras hormonas de la felicidad y el placer. Claro todo ésto va en combinación con una buenaalimentación, ya que es el equilibrio perfecto.


¿Cómo tú deberías motivarte?
Primero, pensar en las palabras salud y bienestar, y luego, preguntarse cómo quiero vivir mi vejez. Justo de ese tema discutíamos en clases, y es el hecho que la sociedad asocia la palabra "vejez" con múltiples factores que degradan nuestra calidad de vida (debilidades motoras, Sarcopenia, e infinidades de condiciones deprorables para el ser humano). Pues, actualmente, se demostró que todas estas condiciones "propias de la vejez" se pueden eliminar, llegar a una edad, como 60 años, activos, y creeme que lo he visto y vivido: señores de 60 años cargando el mismo peso que yo. Yo los veo y me veo a mí mismo más adelante. Son un orgullo.


Las personas deben pensar en eso, no en bajar tus kilos para el verano y luego lo olvido; pensar en cómo quieren terminar sus días. Y que nadie me venga con la excusa de que no hay tiempo. El día tiene 24 horas -8 horas de sueño =16, -8 horas laborales =8 horas, y solo 45 minutos son suficientes para entrenar. En la actualidad existen miles de formas cómo ejercitarse: parques, entrenadores personales a domicilio capacitados, los cuales debemos ser generadores de salud más que de estética.



Así que motívense, den el primer paso, ahí es cuando se comienza, y una vez que lo hagas y te des cuenta de que es más una cuestión de espíritu que de cualquier otra cosa, "te vas a enamorar de la cultura física" . Y me despido con un pensamiento increíble el que confirma todo lo que digo: "Hay que fortalecer la salud del cuerpo por que de ella depende el dominio del espíritu " . (Platón: república, 597b)


Entrena con Luis Rodríguez: búscalo como LR Fit Plan.

martes, 18 de junio de 2019

Cómo ser de ayuda cuando alguien tiene un problema




La presión pública que existe sobre un fisicoculturista o un atleta en general puede ser tan alta como esta persona haya construído una marca, y esa marca sea sinónimo de logros, de conocimiento o de popularidad; pero, el problema llega cuando el personaje sobre el que se aplica presión no siempre va en consonancia con la persona que lo encarna, y cuando eso sucede, la reacción puede ser autodestructtiva.


Cuando eso llega a pasar, la reacción del público suele ser mixta según el grado de simpatía o antipatía hacia el personaje, el que muchas veces tiene que nacer, crecer y mantenerse en una forma vertiginosa, respondiendo más a los mandatos del mercado que a los propios procesos de construcción personal. Y la justificación de muchos deportistas es que, ante todo, tienen que responder ante un auspiciador, si lo tienen, o adaptarse a las condiciones que le impone un potencial auspiciador, si lo encuentran. Y si la persona no se ha preparado mentalmente para entender estas exigencias y saber hasta qué punto puede poner un límite, la frustración, la tristeza, la ansiedad pueden manifestarse por alguna parte hasta explotar en diferentes grados.


Muchas carreras deportivas se han visto frustradas cuando ese punto de no-retorno se ha manifestado súbitamente o se ha hecho público, y si la tendencia autodestructiva ya estaba manifiesta en la cresta de la ola, puede que se acentúe una vez que ésta rompa, y el círculo vicioso termina hundiendo más y más a quien esté dentro de él.


Es por eso que la asistencia psicológica es clave en el trabajo y la vida de cualquier deportista; sin embargo, muchos programas de patrocinio no lo incluyen y muchos instructores o personas reconocidas como mentores no tienen todas las herramientas para servir como un soporte’ emocional porque piensan que no es parte del trabajo, porque creen que eso se corrige solo o porque también están en esa tendencia autodestructiva. Y lo que es peor, los propios fisicoculturistas o atletas prescinden de este tipo de servicio alegando que no están ni locos ni dementes.


Entonces, aquí la clave es romper ese círculo vicioso, y el trabajo no es solo del fisicoculturista o atleta; también tiene que ver su entorno, en particular otros fisicoculturistas oatletas que tengan cierta claridad para detectar cuándo uno como ellos comienza a hacer corto circuito y podría ir acumulando energía que puede estallar en el momento menos esperado. Como este problema suele ser más común de lo que mucha gente piensa, aunque no se hable sobre él, vamos a delinear aquí un protocolo que puede funcionarte.


Si alguien te lanza soga es porque alguien necesita ayuda
Una regla básica consiste en diferenciar entre la persona que necesita ayuda y la persona que busca ayuda. La primera muestra signos evidentes de que sus cosas no están marchando bien pero prefiere guardárselas para sí misma o prefiere ignorarlas; la segunda sabe que algo anda mal, como un barco a la deriva, y siempre estará viendo en la orilla a dónde lanzar soga para que alguien le ayude a recuperar el rumbo. Concéntrate en este segundo tipo de personas porque son las que realmente querrán salir del hoyo.


Entonces, si ves que alguien parece estar en problemas, mantente a la expectativa y procura que lo tenga claro. Un cordial “siempre cuentas conmigo” dicho en privado será más que suficiente para que la persona en problemas esté sobreaviso de que, cuando decida dar el paso, realmente tendrá con quién contar. Por supuesto, haz que no sean palabras vacías o diplomáticas, sino que se trate de una promesa real.


Ahora bien, ¿qué hacer si la persona necesita ayuda y no la busca? A menos que te creas con la capacidad suficiente para asumir todo un proceso de consejería y acompañamiento, lo mejor es esperar a que cambie de actitud. Aún así, si crees que debes lanzarle un “siempre cuentas conmigo”, hazlo, pero no te frustres si después del “gracias” no pasa nada.


Si tú eres quien está en problemas, busca a alguien que va a decirte las cosas claras para salir de ellos, no quien va a decirte lo que quieres escuchar y engañarte de que no pasa nada.


Detecta las frases, anticípate a los temas centrales
Muy poca gente suele pedir ayuda bajo la fórmula de “Me pasa esto, necesito un consejo”. Por lo general, la persona suele proyectar el problema y usa una fórmula del tipo “Qué harías tú si te sucediera esto o aquello?”. Claro que si la persona usa la primera fórmula quiere decir que su decisión de afrontar y resolver su problema es firme… aunque esto es muy relativo.


Sea cual fuere la forma, lo primero que debes hacer antes de responder es verificar si el espacio es el correcto y el tiempo es suficiente (ver el siguiente paso). Si la respuesta es afirmativa, trata de contestar de manera sincera y sintética: recuerda que, por el momento, quien tiene el problema es la otra persona. Aunque eso no resta que tú también puedas estar pasando por lo mismo o por otra situación diferente, sí sería correcto que aprendas a respetar cada caso individual.


Si el espacio y el tiempo no son los adecuados, actúa con sensibilidad. Un “Es una pregunta muy interesante y me gustaría responderla; pero, ¿te parece si lo conversamos más calmados?” puede funcionar, quizás subrayado con un gesto que signifique “aquí no es bueno hablar”, una palmada cálida en el hombro y una sonrisa. Sí, todo eso es un poderoso calmante.


Otra cosa que debes considerar es irte anticipando a lo que va a contarte esa persona. Ponte en todos los escenarios, imagina las frases que puede soltar, y prepara respuestas (mira más abajo en estos consejos). No hay peor retroalimentación para esa persona que poner tu mejor cara de sorpresa, desolación o terror. Simplemente contribuirás con acentuarle la idea de que no tiene remedio, y eso no es cierto. No de primera mano. Claro que esto funciona mejor si sabes mantener tu mente abierta; si no, lo mejor será que digas un “Entiendo, ¿lo hablamos después?”, y asunto arreglado.


Desconectar con el mundo, reconectar consigo mismo
Una vez que acuerden reunirse para conversar sobre el problema, tienes que considerar dos cosas: primero, tener todo el tiempo posible para que la persona se explaye; segundo, que el lugar donde van a reunirse no tenga distracciones de ningún tipo. Además, con esto de la hegemonía tecnológica, tiene que ser un espacio y un tiempo en que puedan prescindir de ella al máximo.


No es una reunión social, es una conversación privada, así que mientras menos elementos distractores tengan podrán concentrarse más en el asunto. Considera que se trata de una actitud de respeto con esa persona, consigo misma y contigo. Si van a depender de un celular prendido, lo mejor es que lo dejen para otro momento, porque no hay nada más desconcertante que abrir el corazón y de pronto una llamada o un mensaje imposibles de evadir corten toda la hilación.


Sobre el tiempo, obviamente busquen aquél cuando ambos no tengan nada que hacer. Los fines de semana son ideales puesto que siempre se dedican al descanso. Sobre el lugar, como dijimos, algo que evite las distracciones y que en todo caso favorezca la comodidad de la otra persona, no la tuya. Aunque nuestro consejo es buscar un sitio como un espacio rural o una playa, si la otra persona se siente más cómoda bajo techo, respeta su decisión.


La primera vez es para desahogarse
Cuando alguien tiene un problema y nunca antes lo ha conversado con alguien más, pasa que experimenta algo llamado catarsis o liberación del yo interior. Lo peor que puedes hacer es cortar este proceso, así que deja que transcurra sin interrumpir. Permite que esa persona vaya tomando confianza, vaya desahogando lo que siente, vaya construyendo su historia o su argumento con toda libertad hasta que se haya deshecho de todo. Por eso insistíamos en la importancia de cuidar el espacio y el tiempo.


Si detectas que tiene dificultad para hacer esa catarsis pero desea experimentarla, podrías crear algún tipo de dinámicas simple que ayude a este propósito. Si manejas ejercicios de meditación, éstos suelen ser muy beneficiosos. Si no manejas ambas técnicas, puedes escribirnos a chulucanasgym@gmail.com para darte ideas.


Sobre tu lenguaje corporal, lo que recomiendan los psicólogos es que se ubiquen cómodamente tan cerca como la confianza se los permita, ya sea frente a frente, o uno al lado del otro. Lo importante es que exista un entorno de intimidad que favorezca desahogarse. Solo si su grado de confianza es alto (especialmente si son amigos personales), una mano en el hombro o un brazo  sobre los hombros con un rostro sereno son increíbles, así que no dejes de experimentar el contacto físico. Pero, si la persona lo rechaza, no insistas.


Escucha sin juzgar
Dijimos anteriormente que una de las cosas que debes hacer cuando alguien te pide ayuda es anticiparte para saber cómo reaccionar. No se trata de armarte con prejuicios; se trata de hacerte más fuerte para poder proporcionar la ayuda que se requiere. Por lo mismo, cuando esa persona comience a desahogarse, y mientras lo haga, no la interrumpas para decirle si fue bueno o malo lo que hizo o dijo, solo deja que haga su proceso. Una vez que haya finalizado, puedes emitir algún juicio de valor cuidando ser muy sensible y firme al mismo tiempo.


Dijimos anteriormente que debes tener una mente muy abierta para enfrentarte a lo que tengan que contarte, y en este aspecto considera que cualquier tema controvertido puede aparecer en la conversación. En nuestra experiencia, los escenarios probables que constituyen cargas emotivas muy fuertes para cualquier persona son: su situación familiar o económica, el consumo de sustancias prohibidas o adictivas, alguna condición crónica de salud, acoso o violencia, algún problema legal, una orientación sexual reprimida o una decisión laboral poco convencional o extradeportiva.


Sería complicado aquí decirte cómo reaccionar ante cada escenario porque los problemas varían de persona a persona; sin embargo, insistimos en que tu serenidad, tu firmeza, tu afecto y tu sentido común (especialmente) van a ser de muchísima ayuda.


Aconseja con sinceridad y aprende a poner límites
Una de las cosas que más se va a valorar cuando te toque dar tu punto de vista es decir lo que piensas con honestidad, no lo que la otra persona esperaría escuchar, si no, ¿por qué te buscó a ti? Sin embargo, aunque la persona tenga toda la intención de solucionar el problema, es probable que oponga resistencia al inicio. Si eso pasa, no te esfuerces en hacerle cambiar de opinión porque será peor; solo da tu punto de vista y deja que, tras la charla, lo reflexione consigo misma y tome el curso de acción más adecuado.


Una vez que ambos no tengan más que conversar, cierren el momento de manera natural, amistosa, alegre, que se sienta como algo liberador todo el rato que se invirtió, no que se añada más cargas ni para ti ni para esa persona, porque de eso no se trata.


Si ambos creen que una sesión no bastará, pónganse a disposición para hablar y escuchar según sea el caso; pero, eso sí, adviértele cuáles son tus tiempos disponibles para que también exista sentido de respeto desde su propio proceso. Recuérdale que te dará gusto escucharle, agradécele por la confianza que te depositó, y desafíale a que vaya tomando pasos para resolver lo que le agobia. Esto tiene que estar claro de todas maneras. Lo mismo con los espacios personales: ¡no pueden invadirse cuando a alguno le dé la gana!


Por nada del mundo dejes que tu participación se convierta en dependencia de ningún tipo. Eso sí sería perjudicial. Una cosa es la humanidad y el sentido de solidaridad, pero otra cosa es aprovechar la oportunidad para subyugarse en cuerpo y alma. No permitas eso, y cuando sientas que está sucediendo, páralo y toma la mejor decisión para ambos, incluso tomar distancia.


Tu ayuda no reemplaza la ayuda profesional
Como dijimos al inicio, muchos fisicoculturistas y atletas prescinden de una atención profesional por parte de un psicólogo o un psiquiatra, si fuera el caso, pero también son conscientes que en varios momentos de su vida requieren tener su mente saludable (tanto o más que su cuerpo). Es allí cuando tu ayuda como un soporte emocional funciona favorablemente; sin embargo, una cosa que debes tener muy clara es que tú no reemplazas el trabajo de un psicólogo o un psiquiatra, a menos que lo seas, lo que significa una doble ventaja para quien te pide ayuda. Pero, si no eres ninguno de esos profesionales, tu trabajo consiste en complementar y apoyar las terapias o los tratamientos siempre que se indiquen.


En ese sentido, tu responsabilidad como soporte emocional es incluir dentro de tu paquete de consejos el que la persona que te pida ayuda consulte a uno de estos profesionales de la salud. Incluso podrías acompañarlo el día de la consulta.


Ahora bien, no todos los casos tienen que terminar ante un psicólogo o un psiquiatra, sino aquéllos donde tus recursos como soporte y los recursos de esa persona para sanarse a sí misma estén limitados, cuando sinceramente vean que hay una barrera que el simple consejo no va a superar. Ahí es cuando uno tiene que ser valiente y aceptar la ayuda profesional.


Si en tu comunidad no hay un psicólogo deportivo, averigua qué psicólogos clínicos hay, así como los médicos psiquiatras existentes. Vale la pena tener a mano sus números de teléfono y preguntar por referencias a personas serias para que las consultas sean realmente sanadoras, porque –hay que decirlo- muchos profesionales de la salud mental suelen tenerla más deteriorada que una persona promedio.


Edúcate al respecto, acumula sabiduría
¿Recuerdas cuando hablábamos de anticiparte a la conversación? Es probable que esta etapa la hagas sobre la información que ya conoces; pero, ¿cuán acertada es esa información? Si eres de quienes adora leer de todo y tener una cultura general por encima del promedio, puede que te dé más amplitud de criterio para comprender lo que la persona que pide ayuda va a decirte. Eso suma puntos.


Sin embargo, por más que te anticipes, habrán temas que estarán fuera de tu alcance. No es tu culpa porque no podemos saberlo ni intuirlo todo. Cuando eso suceda, ayuda dentro de tus posibilidades, pero comprométete a investigar y aprender sobre el tema en fuentes confiables que puedes encontrar ahora incluso en la Internet. Si consigues que ese proceso de investigación y educación lo hagas con la persona que te pide ayuda, mucho mejor. Es probable que ambos descubran que la solución era mucho más sencilla de encontrar.


De todos modos, date un tiempo y un espacio para continuar aprendiendo sobre el tema que involucra a la persona que te pide ayuda. Si es posible, consulta especialistas serios, intenta educar a tu entorno, especialmente en el lugar de entrenamiento. Tú sabes muy bien que es uno de los lugares donde los prejuicios son abundantes, y muchas veces mata más la ignorancia que el propio problema. Hasta puede salvar tu propia vida.


Recuerda que ayudarás a resolver un problema, no que vas a resolver el problema por la otra persona
Como dijimos anteriormente, un error fatal cuando se da soporte emocional es dejar que la persona que te pide ayuda te deje todo el problema encima para que tú se lo resuelvas, o generar lazos de dependencia mediante los que esa persona no va a mover un dedo a menos que tú se lo indiques. Ambos escenarios no son adecuados ni saludables, así que debes evitarlos desde el inicio del proceso.


Un “Mira, yo voy a ayudarte en lo que pueda, pero quien va a resolver el problema eres tú” dicho con amabilidad y firmeza desde el primer momento es un buen inicio. Nunca dejes de incluir esta advertencia. Del mismo modo, cuando sientas que esa persona te lanza un “hazlo por mí” o fórmulas similares, tú responde con la misma actitud algo como “eso no fue lo que acordamos” o “Es como si quisieras ser Mr. Universo pero yo entreno por ti”.


Siempre hazle hincapié a la persona que aunque tú puedas darle pautas o ideas para encontrar una solución al problema, es esa persona quien tiene la responsabilidad exclusiva de resolverlo. No cedas al chantaje emocional de “si fueras mi amigo” o “pero tú me dijiste”, Recuérdale y recuerda que cada individuo tiene libertad para tomar sus decisiones, así que el éxito o el fracaso está en sus manos, no en tus manos ni en las manos de nadie.


Lo que te diga muere contigo
Uno de los requisitos de cualquier soporte emocional es la confidencialidad. Todo lo que se converse, la forma cómo se reaccione, el contenido de la conversación es algo que debe quedar únicamente entre ustedes. Nadie más tiene derecho a saberlo, y en todo caso, es la persona que pide ayuda quien tiene que decidir con quién y cómo comparte lo que le está pasando.


Incluso si el contacto se hace mediante las redes sociales (que es una posibilidad válida), nunca se te ocurra utilizar los espacios virtuales públicos para establecer contacto o aconsejar. En todo caso, utiliza el chat, que ofrece cierta privacidad. Aunque en la medida de lo posible, lo mejor es el contacto presencial.


Si tienes que felicitar a la persona por haber avanzado en su proceso o haberlo concluído, procura que sea en privado. Si la persona, a pesar de tus precauciones, desea que su problema se haga público, es su derecho. Decide si también quieres salir a la luz como la persona que ayuda, pero hazlo siempre que la persona te lo pida. Jamás tomes la iniciativa de destacar por tu cuenta porque destruirás todo el proceso de sanación y se verá como una acción muy desagradable.


Como siempre, cualquier duda que tengas, nos puedes escribir a chulucanasgym@gmail.com o seguirnos en nuestra cuenta de Twitter.


Nuestro equipo fundador de ChulucanasGym aparece en este artículo.