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jueves, 3 de noviembre de 2022

Bullying: cómo ser parte de la solución

Millones de personas son víctimas a diario en todo el mundo por el simple hecho de ser quienes son y no parecerse al “estándar social” predominante.

 



 

¿Pueden ser los gimnasios o campos de entrenamiento otros espacios donde los acosadores pueden encontrar nuevas víctimas, o insistir con las que ya lo son? La respuesta es sí, y mucho va a depender de ti, entrenador, el que esto se evite o se corrija.

 

El bullying consiste en que durante un tiempo sostenido se acosa a alguien con la finalidad de herirle en su autoestima, o para forzar a que se segregue de cierto grupo de personas. Las agresiones pueden ser físicas,  psicológicas, verbales, sexuales, sociales y hasta laborales (mobbing).

 

La razón por la que no debes permitir el bullying en tu gimnasio o campo de entrenamiento es tan simple como que quienes asisten van a aprender y perfeccionarse compitiendo consigo mismos; por lo tanto, si detectas que el espíritu competitivo da paso a la agresión hacia a el oponente, debes cortar la situación de inmediato.

 

Lo ideal sería que tu espacio tenga una regla escrita clara al respecto (ejemplo: aquí no permitimos el bullying). Pero lo cierto es que con regla o sin regla, los acosadores siempre buscarán la forma de agredir. Por eso, aquí te damos algunas ideas urgentes que puedes aplicar mientras las partes buscan ayuda profesional especializada para sanar esa situación.

 



 

Como entrenador

  • Ten claras tus reglas de conducta:  Deben basarse en el respeto, deben demostrarse con actos concretos. Si tus alumnos ven que agredes, aunque les reprendas, entenderán que tienen una autorización sobreentendida para agredir.
  • Selecciona con cuidado las maneras cómo vas a motivar a tu alumno: Compararle con un tercero no es la mejor idea; o si no hace la rutina con la intensidad que tú esperas, antes que descalificarle, lo mejor sería indagar por qué su rendimiento no es el deseado.
  • No hagas bando ni con los agresores ni con el agredido: Más que neutral, recuérdales que tú eres la autoridad en la sala o el campo, así que si no son capaces de respetarse entre sí, al menos que te respeten a ti; no tienes que gritarlo sino decirlo firme.
  • No ignores la agresión; tampoco la alientes: Haz que el gimnasio o campo de entrenamiento sea un lugar amable para todos, pero tampoco hagas de cuenta que nada pasa porque la indiferencia, en este caso, es más peligrosa que cualquier tipo de acción, puesto que puede interpretarse como asentimiento o complicidad.

 



 

Contra el agresor o los agresores

  • Una vez hayas identificado quién o quiénes agreden, habla por separado y en privado. Tu mensaje debe ser claro y firme: al menos dentro del gimnasio o el campo de entrenamiento, esa conducta no está permitida.
  • Si quien o quienes agreden reinciden en la conducta, llámales la atención en público. El mensaje y el tono deben ser exactamente los mismos. Si puedes agregar que no vas a tolerarlo una vez más, eso podría funcionar.
  • Si ambas medidas anteriores no tienen efecto y tu gimnasio o campo de entrenamiento tiene una política anti-bullying escrita, aplica la máxima sanción.
  • Nunca dejes que quien o quienes agreden te integren a su bando. Usualmente, quien o quienes agreden se fortalecen cuando le hacen creera la víctima que no se trata de él o su grupo sino que hay muchas más personas de su lado. Cuando tú les dices que no eres parte de su agresión, ésta comienza a debilitarse.
  • Si quien o quienes agreden son menores de edad, contacta a sus padres o apoderados y explica la situación, así como tu posición al respecto.
  • No agregues rutinas extenuantes de entrenamiento como castigo. La verdadera penalidad para quien o quienes agreden no es hacer dos series más o quedarse media hora más, sino tener el acceso restringido al espacio o los servicios que ofreces.
  • Es probable que quien o quienes agreden cancelen su membresía o matrícula. No lo veas como una pérdida; velo como una acción afirmativa que busca proteger la experiencia positiva de ejercitarse en el gimnasio o campo de entrenamiento.

 



 

Con la víctima

  • Habla en privado y déjale claro que debe tomar acción para bloquear las agresiones de un modo asertivo, y que tú no ves razón alguna para que se avergüence, sienta temor o culpa.
  • Si necesita hablar contigo, dale el espacio y el tiempo adecuados. Recuerda que tú eres la autoridad en el gimnasio o el campo de entrenamiento; entonces, si no eres confiable, ¿en quién más podría desahogar lo que siente? Revisa esta guía si necesitas más orientación.
  • No basta con decir “tienes que ser fuerte”; hay que darle ideas eficaces e inteligentes para lograrlo. Si posees los recursos pedagógicos o psicológicos adecuados, ofrécelos; si no, refiere a la víctima hacia ayuda profesional especializada. Mucha de ella es gratuita.
  • Sobre lo anterior, jamás aconsejes responder una agresión con otra agresión mayor: la violencia solo genera más violencia, y a final de cuentas quien saldrá más magullado serás tú.
  • No revictimices, es decir que no expongas a la víctima a una nueva agresión; tampoco la sobreprotejas.
  • Usa el entrenamiento para darle seguridad y valor, pero eso no significa extenuarle sino que aprenda a sentir orgullo de sus logros y que entienda que se consiguieron en base a su esfuerzo. Es una forma muy práctica de irle educando en su autoestima.
  • Si te hemos recomendado no ser parte del bando agresor, tampoco formes un bando con el agredido. Mantente al centro pero abierto a resolver los conflictos que surjan entre ambas partes.
  • Y no olvides que si la víctima es menor de edad, contacta a sus padres o tutores para coordinar un círculo de apoyo que provea las herramientas y recursos para superar los episodios de agresión.
  • Si la víctima decide cancelar su matrícula o membresía, dale el tiempo y el espacio. Probablemente lo necesita para pensar bien las cosas. Eso sí: déjale claro que las puertas siempre le van a estar abiertas.

 

Si necesitas más orientación, escríbenos a nuestra cuenta de Twitter o a nuestro correo electrónico: chulucanasgym@gmail.com 

sábado, 3 de septiembre de 2016

El ‘Scorpión’ enseña sus mañas


El campeón peruano y sub-campeón sudamericano de muai thai está listo para compartir todo lo que aprendió.





“Mantén la calma”, me recomienda Daniel ‘El Scorpión’ Garro mientras intento dar una patada frontal. El campeón nacional y sub campeón sudamericano de muai thai se mantiene sereno antes, durante y después de la demostración para esta historia. “La calma y los reflejos son fundamentales cuando te enfrentas en un combate”, afirma.

Daniel tiene 30 años, es natural de Huacho, Lima, y parecía estar destinado al fútbol, al que se dedicó desde los 15. “Jugué en el Unión Huaral y en el León de Huánuco”; pero a partir de los 20 años, el box y las artes marciales comenzaron a seducirlo, se involucró con ellas y decantó en el método de pelea originario del antiguo reino de Siam, hoy Tailandia, y que fue creado como una alternativa de combate cuerpo a cuerpo en las guerras tribales y reales en la península indochina.
De hecho, no se podía aspirar a gobernar si no se había ganado una competencia de muay borang, antecedente del muay thai.

En la actualidad se le considera un deporte extremo de contacto, y eso demanda que el o la participante se concentre en lo que está haciendo, controle sus reflejos, sepa mantener la calma y sea capaz de resistir el esfuerzo tanto a nivel de agilidad como de potencia. No es secuencial, sino integral y simultáneo.
“Primero te debes acondicionar físicamente”, recomienda Daniel Garro; “entonces poco a poco comienzas a entrenar los movimientos hasta darles fluidez, como si estuvieras bailando”.

El aprendizaje de la técnica también requiere que apliques algo de Física, desde la postura inicial de ataque para que tu centro de gravedad esté en el lugar correcto a la hora de patear, puñetear, acodar, bloquear al oponente o hacerle perder el equilibrio y dejarle fuera de combate.

“Yo mismo me he enfrentado con unos ‘toros’”, cuenta Danniel, explicando que, si bien para efectos de competencia hay clasificación por pesos, esto es relativo a la hora de cada combate. “Es más maña que otra cosa”, reitera mientras trata de que le pierda miedo al dolor (sus canillazos duelen en mi muslo), o me enseña cómo hacerle abandonar su propio centro de gravedad  reforzando el mío en mi propio talón y girando mi otra pierna como un compás.


Con su metro 80 y 70 kilos de peso (yo, metro 67 y 70 kilos de peso), tiene la agilidad (y la experiencia) a su favor), pero eventualmente cada combatiente tiene que aprender a convertir sus desventajas en oportunidades en una fracción de segundo.

Aparte que la actitud de Daniel genera tanta confianza que provoca aprender. En efecto, el Scorpión está dando clases en la academia AWKA de la ciudad de Piura, por si alguien desee ganar potencia, resistencia y agilidad mental, ya que por lo menos a mí me quedó claro que combatir sin una estrategia es lo mismo que perder peso o ganar masa sin un control de la dieta.
Por cierto, el apelativo se lo puso uno de sus primeros entrenadores. “En el ‘sparring’ yo solía  hacer una patada proyectando mis pies por encima de la espalda”, y ese fue su sello personal.

Cuando intentó tener como mascota a un escorpión de verdad, terminó con una guardería de alacranes, y cuando quiso aumentar la familia, trajo a otro animal que se comió al primer inquilino y luego se escapó. Desde entonces, desistió la crianza de cualquier artrópodo; pero su apelativo quedó grabado en uno de los tantos tatuajes que decoran su cuerpo, y que ha paseado en torneos tanto en Perú como en Chile.


Post-producido por Sheyla Benavente.