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miércoles, 15 de enero de 2020

Cómo triunfar a pesar de las dificultades

  Mario Kanashiro tiene un excelente motivo para celebrar: acaba de ser ascendido como maestro instructor para todo Japón en shakadance, clases de baile que combinan hip-hop,, afro y música de salón con un plan de ejercitamiento cardiovascular. En esta nueva posición, es el encargado de dar las licencias a los profesores que se capacitan en ella.


“Aquí en Japón hay más vida laboral que vida propia o para relajarse”, comenta este peruano nacido en Pueblo Libre, Lima, el 12 de noviembre de 1990, y que tuvo que migrar con su familia cuando apenas tenía cinco años de edad. Hoy, es un deportista lleno de carisma y amor, pero casi una década atrás, era todo lo opuesto: sedentario, apático, egoísta. ¿Qué le pasó a su vida que lo llevó de las tinieblas a la luz?


Hasta los 21 años, Mario trabajaba en NTT, una de las mayores empresas telefónicas de Japón, traduciendo del japonés al español y viceversa. No practicaba ni tenía interés por ningún deporte; de hecho, "no tenía físico".


Desde los 20 años comenzó a sentir que se le adormecía todo el lado derecho del cuerpo: “Sentía dolor desde el cuello hasta la mano derecha, y había perdido potencia y sensibilidad en mi pierna y pie derechos”. Fue a dos hospitales para examinarse, pero los estudios no encontraban problemas en sus músculos y huesos, como fue la primera sospecha; en efecto, los tiene bien formados.




Siempre hay un antes y un después
Los estudios mostraron una rara anomalía en las venas de su cuello, justo en su segunda vértebra: eran muy estrechas, complicaban la circulación de la sangre, y por ende no favorecían una buena oxigenación del cuerpo. La cirugía era la única manera de corregirlo. Sin embargo, no bastaba este procedimiento para que recuperara la movilidad de sus extremidades; por eso, tuvo que ir a rehabilitación física, y el deporte fue la solución: “Empecé a formar músculo en los brazos y la mano para tener fuerza al agarrar, usando poco peso; además, hacía estiramientos”.


En el proceso, tomó una clase de zumba, se dio cuenta que podía bailar –y muy bien—y que le gustaba mucho: “Yo no sabía bailar, no me provocaba, ni me llamaba la atención, a pesar de que he tocado la guitarra eléctrica entre los 16 a los 20 años… tocaba rock y metal; incluso ahora la toco bien: no he perdido la técnica”. Siguió desarrollándose como alumno hasta que se preparó para ser instructor, y el resto es historia.


“Como para tocar guitarra debes escuchar la batería y el bajo, tu oído llega a desarrollar sensibilidad por los sonidos bajos, y es la misma guía que utilizo para crear coreografías”, explica. “Este año voy a cumplir 7 años dando clases de baile y entrenando eso; sigo haciendo estiramientos, hago entrenamiento funcional, y en mis ratos libres juego videojuegos para relajarme”. Incluso, en algún momento, Mario entrenó pesas.


Los beneficios a su organismo han sido dramáticos. “Antes corría 500 metros o un kilómetro y me cansaba, ahora corro seis u ocho kilómetros y no me canso: he desarrollado un buen físico”, sonríe.


 Crecer toma mucho tiempo
Cuando Mario dio su primera clase, no le llegó nadie; a la siguiente, llegaron dos personas, luego cinco, siete, hasta que tuvo su primer grupo de veinte personas. Hoy, sus grupos son de hasta ¡40 personas! Si bien depende del gimnasio donde dé la clase, su mínimo no baja de 20. Aunque vive en Nagoya, su trabajo lo lleva por varios gimnasios a lo largo de la isla, y abrirse paso no le fue sencillo debido a que el público japonés prefiere apoyar a los instructores japoneses. El esfuerzo le ha costado seis años.


“Cuando comencé había profesores que decían que no vayan a mis clases porque era novato, o que la gente podía lesionarse o que yo no sabía nada de fitness”, recuerda. “Ahora soy profesor de esos profesores, y muchos se quedan con la boca abierta al ver el cambio, porque he llegado a ser más que ellos”.


“Al día puedo dar clases a unas 80 a 100 personas”, relata. “El 70 % de mis alumnos son mujeres, o sea en una clase por cada 10, 3 son hombres. Cuando son de mañana o de tarde, la mayoría son de 30 a 60 o 70 años, pero de noche tengo gente más joven, entre 20 a 40 años”.


Mario describe a su alumnado como en constante modo aprendizaje, como si fueran al colegio y cada día tienen algo nuevo que conocer. “Cuando doy 3 clases seguidas, tengo los mismos alumnos: por ejemplo la primera clase es baile cultural, la segunda baile fitness, y la tercera hip hop”. Los bailes culturales son aquéllos que no se escuchan en discotecas o que no se bailan en su país de origen, “y les ponemos pasos difíciles, así que pueden tomarse hasta dos meses en aprender una sola coreografía”.


Y si ya destacaba en las aulas de baile, su apariencia mestiza tampoco ha pasado desapercibida. Un día, tras asistir a un evento, alguien le propuso ser modelo. La única experiencia que había tenido hasta entonces fue ser la imagen de su escuela preparatoria tanto en los volantes como en las portadas promocionales, cuando era adolescente.


“Hace tres años me inscribí a una escuela de talentos y comencé a seguir varios cursos, llegando a modelar la ropa de HiBowl. Estuve modelando hasta hace dos años, pero mi carrera como profesor se puso más exigente, así que ahora lo hago muy rara vez”.


Su audición también fue exigente: no bastaba su rostro o su figura; como supieron que él sabe bailar, incluyeron esa prueba. Pero quizás la parte difícil fue una entrevista ante cinco jurados en la que le examinaron absolutamente todo: sus fortalezas, habilidades, hasta cómo se comportaba. De mil personas, solo pasaron ochenta.


“Me gustaría seguir modelando ropa, pero como hago deporte, me gustaría modelar ropa de deporte o de baile, en la medida en que estoy haciéndome conocido en todo Japón. Si se da la oportunidad de presentarlo, sería excelente”.




Los malos ratos sirven para mejorar
Mario sostiene que su mayor logro hasta ahora ha sido aprender a bailar. Las críticas que recibió al comienzo lo impulsaron a aprender más, a salir de su localidad y tomar clases, a perfeccionar su estilo, para dar lo mejor de sí a sus alumnos: “Yo tomo la crítica para mejorar mi trabajo”, afirma. “Si el alumno te dice algo que no le gusta, no lo hace para fastidiar sino para que mejores”. Agrega que si al inicio de su trabajo fue muy criticado, es porque le importaba a mucha gente.


“Nosotros vivimos de los clientes; si no ay clientes, no hay clase, entonces siempre hay que saber escucharlos”, sentencia. “Todavía hay gente que prefiere a un japonés enseñando música latina que un latino enseñando música latina; antes sí le daba mucha importancia, pero ahora he aprendido que si la gente quiere aprender música latina con un latino y quiere tomar mi clase, que la tome; el que no, se la pierde”.


La estrechez de sus venas enfrentó a Mario con su plan de vida. Y la respuesta fue armarse de valor, aunque no fuera fácil en un principio. “el médico me dijo de frente y sin asco que si no hacía el tratamiento, iba a empeorar; entonces, al inicio, más por presión del médico que por mi cuenta, iba al gimnasio”.


A pesar de que superó su condición con mucho éxito, todavía quedan algunas secuelas: su mano derecha es más débil que su mano izquierda (por lo que prefiere cargar cosas con la segunda), de vez en cuando siente una picazón interna en el brazo derecho seguida de un enrojecimiento, lo que puede pasar cuando conduce su auto o cuando está dando clases. Afortunadamente, acude a sus controles cada dos años (al inicio eran cada mes y se fueron distanciando progresivamente), y sigue viendo al médico que lo desafió a tomar el control de sí mismo: el Sensei Izumí.


 Creces cuando valoras y compartes lo que aprendes
“Mi otro logro es que mi alumno se haya convertido en instructor, que haya tenido la misma motivación y las mismas oportunidades”, comenta con orgullo. “Cuatro de mis alumnos son ahora profesores”. Se especializó en shaka-dance, sacó su licencia, y llegó a dar clases con la creadora de esa misma disciplina, Samira Talha, a lo largo de Japón en julio de 2019, y fue la misma Talha quien lo eligió para acompañarla. “Me sentí feliz y a la vez nervioso porque nunca imaginé que iba a trabajar así”.


Mientras producíamos esta historia, Mario fue ascendido a maestro instructor. “No lo podía creer, pero entendí que todo da vuelta, que era por el tiempo que le había dedicado a mi trabajo”, nos dice en exclusiva. “Cuando miro en retrospectiva, me doy cuenta que todo ocurrió para que llegue a este mismo momento, y sigo aprendiendo. Samira nos dice que debemos seguir estudiando e ir para arriba, a pesar de la posición que ocupemos”.


“Hasta antes de mi enfermedad, solía ser muy egoísta y negativo, me enfadaba con la gente que me quería; cuando me enfermé, supe quiénes eran mi familia y mis amigos, dos, que nunca dejaron de visitarme, a pesar de que yo conocía a mucha gente. Ahí me di cuenta quiénes me querían y quiénes no, y comencé a valorar más a mi familia y a mis amigos de verdad, comencé a cambiar porque sentía que debía retribuir todo ese cariño.”




Negocios son negocios… hasta cierto punto
“Cuando comencé a trabajar, no me explicaba por qué la gente pagaba 500 yenes, que equivale a 5 dólares, por recibir una clase, cuando no estaba seguro si lo estaba haciendo bien, hasta que una alumna me dijo que venía a mi clase porque sentía que estaba aprendiendo; entonces, me di cuenta que me estaba rodeando de gente que tenía ganas de aprender, que me veían hacer un nuevo paso y me preguntaban cómo hacerlo”, medita. “Entendí que para la gente es importante lo que les puedo enseñar”.


“éso izo que abriera mi corazón y volviera a creer en la gente, porque había dejado de creer en la gente”, añade. “Y éso hizo que me valorara más, porque incluso llegué a pensar que yo no era importante”. Sus alumnos afirman que Mario tiene una energía muy especial, que le permite empatizar y sentirse cómodo con cualquier persona, incluso con quienes lo envidian, y han llegado a entrar a su clase con el propósito de suplantarlo, sin éxito.


“Por éso es que nunca hay que derrotarnos, siempre hay que seguir aprendiendo”, dice. “Hay personas que pueden hacer unas cosas y otras no, pero para lograrlo hay que practicarlo. Ese aprendizaje y ese cariño que le pongo es el que le gusta a la gente”. Mario también desafía a sus alumnos a que antes de copiar su estilo, desarrollen el suyo propio, y que practiquen duro hasta lograrlo. Y ellos ponen de su parte.


 “Otro tema es que es cierto que ésto es un negocio, y hay profesores que estudian para hacer dinero, pero tienes que identificar en tu trabajo qué cosa sí es dinero y qué cosa tienes que estudiar para tener una profesión. Yo puedo tener una sola persona en mi clase, como tener cuarenta. Claro que si va una le puedo dedicar el 100%, y si llegan más tengo que repartirlo, pero siempre concentrarme en dar lo mejor de mí”.


De hecho, Mario comparte su arte mediante su cuenta de Facebook, Twitter, Instagram y su canal de YouTube. Así que si quieres aprender más sobre él y lo que hace, contáctalo, no importa el lugar del mundo donde estés.

miércoles, 10 de abril de 2024

¿qué influye en tu capacidad para enfocarte?

Dar tus primeros pasos firmes en el fisicoculturismo depende de ti y de tu entorno.

 



Fotos y videos proporcionados por Once Tr.

 


 

Cuando Once Tr tenía 17 años de edad, le tocó pasar una de sus primeras pruebas de fuego en el fisicoculturismo. Concursó en la categoría juveniles a nivel de toda la provincia de Talara (Piura, Perú). “Era el más joven de todos ese día”, recuerda. Lo hizo muy bien: quedó en segundo lugar.

 

“Mis papás y mi tío me motivaron para que lo haga y así ir agarrando experiencia”. Solo para el registro, el tío al que se refiere Once es el fisicoculturista profesional y campeón sudamericano José Escobar.

 

Un año antes, a los 16, había comenzado su entrenamiento en esta disciplina, pero ya traía la experiencia de las otras disciplinas que había practicado antes; el muay thai entre ellas. “Porque antes no me gustaba mucho el mundo del fitness,pero de la nada empecé a entrenar y me quedé en esto”, afirma.

 

Al momento de publicar esta entrada, Once Tr tiene 19 años de edad, 170 cm de estatura y 77 kilos de peso. Está enfocado plenamente en el fisicoculturismo y ha comenzado a trabajar como entrenador y entrenador personal en el Seco’s Gym, el gimnasio que sus padres tienen en Los Órganos, una de las ciudades del circuito de playas de Talara, al norte del Perú.

 



“Es parte del proceso”

Sus días de lunes a sábado comienzan a las 7:00 de la mañana. Su primera tarea es entrenar a otras personas. Las tardes están dedicadas a que él entrene su propio cuerpo.  Después de las 10:00 de la noche, Once ya está en su cama.

 

“Es difícil ya que estar tanto tiempo metido en un solo lugar es estresante,pero es por un propósito, así que yo lo veo como parte del proceso”. Eso no significa que deje de distraerse en sus ratos libres: “Me gusta salir a comer con amigos,ir a la playa o jugar videojuegos a veces”.

 

Y cuando tienes 19 años de edad, los amigos muchas veces te tientan a que saques los pies del plato alguna vez. Es ahí donde entra tu fuerza de voluntad: “Si no tengo tiempo pues digo que no puedo O si es algo que no me gusta les digo que no me gusta o por ahora no”.

 



La motivación viene de casa

Once Tr entrena como fisicoculturista, en sus propias palabras, porque le gusta; pero ese gusto ha sido influido por un papá fisicoculturista y una mamá que se involucró en el fitness por motivación del papá de Once, Rigoberto Paredes El Seco. Aunque no es una regla general, ¿no sería lógico que si tus dos papás son deportistas termines siendo deportista?

 

Claro que al inicio Once no quería saber nada con el fisicoculturismo, a pesar de la insistencia de sus progenitores: “me acuerdo que un día yo les dije que cuando me matriculen en una academia de artes marciales, ese día entro al gym" . el deseo fue concedido, pero Once también tenía que cumplir su parte del trato: “Ese día entré al gym sin saber que me quedaría en esto”.

 

El apoyo de sus padres ha sido total; en retribución, Once los apoya trabajando en el gimnasio. Y ese apoyo se extiende a lo que ya es su carrera deportiva.

 



Ser firme

Al respecto, sus amigos piensan que Once se ha sacado algo así como la lotería: “Dicen que tengo suerte de tener unos papás así porque parece que me dan todo, pero no es así; simplemente vivo tranquilo y ya”.

 

Once sostiene que debes ser firme en lo que quieres. En su caso, lo tiene más que claro: “Seguir en lo mío,porque cuando se te mete algo en la cabeza no debes dejar que nadie te impida hacer eso que quieres “.

 

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domingo, 4 de diciembre de 2022

¿Qué es realmente un gymbro?

entre la admiración, la curiosidad o la incomprensión, aquí te orientamos sobre lo bueno o lo malo de serlo.

 


Si eres una de esas personas que se pasa todos sus ratos libres entrenando o permaneciendo en el gimnasio, si estás al día con los suplementos, si pagas puntualmente tu membresía, si estás vigilando al milímetro lo que comes(lo que incluye cuánto, cómo, cuándo y por qué), si te has vuelto experto en descifrar las tablas de datos nutricionales… en fin, si tu vida personal y social gira en torno al gimnasio, quizás seas un gymbro (del inglés gym brother o hermano del gimnasio).

 

Por extensión, al menos en Perú, se denominan gymbros a esos compañeros de entrenamiento con quienes se comparte el mismo exacto estilo de vida en el mismo exacto lugar, al punto que la relación iniciada en el gimnasio puede trascender a otras esferas de tu vida.

 

“Por lo general, los gymbros comienzan compartiendo la misma máquina, y pronto cuadran toda su vida para entrenar el mismo grupo muscular, usar el mismo suplemento, y hasta llegar al punto que si uno se cambia de gimnasio, el otro lo sigue”, nos cuenta un entrenador.

 


Cuándo sí, cuándo no

Los gymbros pueden transformarse en verdaderas comunidades, las gymfrats (del inglés gym fraternity o fraternidad de gimnasio). Para la gente que no pertenece al mundo del fitness, esto les puede causar curiosidad y hasta motivo de burla (hay muchos memes al respecto), pero para varios entrenadores profesionales, toparse con gymbros es cosa seria porque pueden ser capaces de mover clientela a favor o en contra, dependiendo de la experiencia que tengan en el gimnasio.

 

“Todos quienes ahora somos entrenadores en algún momento comenzamos siendo gymbros”, nos agregan.

 

También hay quienes utilizan el término para enmascarar una relación romántica o sexual que se inició en las salas del gimnasio. En principio, no es malo enamorarte de tu gymbro, pero sería bueno no usarlo como eufemismo para evitar decir compañero sentimental o pareja sexual, especialmente si vas a una consulta médica por algún problemita de salud íntima: los médicos no son tontos, aunque tú creas que sí.

 


Beneficios y perjuicios

¿Es bueno o malo ser un gymbro, fitness freak (loco del fitness) o gymrat (rata de gimnasio)? Como solemos decir aquí, depende de la situación.

 

  • Positivo: Tu tiempo está mejor organizado tanto que tu calidad de vida mejora notablemente respecto del promedio.
  • Negativo: Llegas al punto en que estás en el gimnasio por el puro gusto de estar allí, creyendo que no serás feliz en alguna otra parte.

 

  • Positivo: Tu otro gymbro se convierte en tu principal motivador para nunca abandonar el entrenamiento, tanto que las metodologías tipo sparring les funcionan de maravillas.
  • Negativo: Ir al gimnasio depende de que tu gymbro vaya; si no va, no vas. En otras palabras, anulas tu proactividad.

 

  • Positivo: No eres fácilmente seducible por la publicidad cuando se trata de presentarte algún producto nuevo.
  • Negativo: La euforia te invade y te conviertes en comprador compulsivo de cuánto suplemento, aparato, prenda, método  o ‘receta milagrosa’ se anuncie.

 

  • Positivo: Tu gymfrat no solo está en las buenas; también está en las malas, y especialmente en las peores.
  • Negativo: Creer que tu gymfrat es todo el círculo social al que puedes aspirar.

 

  • Positivo: Tu gymbro siempre te animará a conquistar un nuevo logro.
  • Negativo: Tu gymbro usa su influencia para inducirte conductas opuestas al deporte.

 


A tener en cuenta…

Dicho esto, ser un gymbro no tiene nada de malo siempre que sepas tenerlo a raya en el gimnasio, o si de pronto se convierte en un gran apoyo físico y apoyo emocional; pero si comienza a invadir tus otras dimensiones, preocúpate. Quizás necesites ayuda profesional para ver qué te está pasando.

 

Finalmente, no confundir un gymbro con un gympro, que es la persona que entrena a conciencia en un gimnasio porque vive de su cuerpo, ya sea para una competición o porque tiene una carrera en la que el físico es clave (modelos, artistas, agentes de seguridad, rescatistas). De hecho, un gympro sabe que debe darle la dedicación necesaria al entrenamiento, pero también es consciente que debe guardar un equilibrio  físico,mental o social.

 

¿te gustaría compartirnos tu historia como un gymbro? Cuéntanos en nuestra cuenta de Twitter o en chulucanasgym@gmail.com. A lo mejor vale la pena publicarse.