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jueves, 30 de agosto de 2018

¡Gracias! Un deportista no solo debe ser bueno en su disciplina; también debe formar una actitud positiva.


Por ChulucanasGym
Modelo y fotografías por Ronald Benites.

Uno de los problemas que enfrentan muchos y muchas deportistas es el anonimato, sea porque no tienen clara una estrategia de imagen y marca personal, sea porque no consiguen atraer la atención de los medios masivos. Y cuando no existes públicamente, ¿quién estará pendiente de las cosas que haces y consigues?

Si estás en ese grupo, tus alternativas son desanimarte o seguir luchando. Si optas por lo segundo, puedes hacerlo desde el resentimiento -actitud que la mayoría equivocadamente adopta-, o puedes hacerlo desde el propio entusiasmo, desde la convicción de que estás superando tus propios límites y que puedes romper marcas.

¿Cuánto tiene que ver todo ésto en un o una atleta? Tiene mucho que ver, porque en la medida cómo vayas educando y desplegando tu actitud, en esa medida sabrás asumir tus resultados e imponerte nuevos retos. Si te mantienes siempre positivo, las victorias y las derrotas te significarán aprendizajes; si, en cambio, tiendes a ser negativo, todo te generará ansiedad y vivirás en un estado constante de frustración.

Por supuesto que tu entorno tiene mucho que ver en la formación de una actitud positiva o negativa, y en ese sentido, debes tener la inteligencia suficiente para darte cuenta cuándo te impulsa y cuándo te hace daño. Dependiendo de la respuesta, debes tener la valentía para dar el paso siguiente, o mantenerte donde estás.

A continuación, algunos consejos que puedes aplicar para ir creando actitud positiva, basados en la experiencia de mucha gente que, como tú, vive con y gracias al deporte, y puede superarse a través de él.

Nada te cuesta ser amable
Dicen que las dos expresiones que abren puertas son "por favor" y "gracias" (no son "jale" ni "empuje"), y ésta es la clave de todo tu éxito: el respeto. En la medida en que tú tratas bien a las personas, las personas te tratarán bien a ti... o al menos la mayoría. 

La amabilidad es la capacidad que tienes de llevar tu vida de buenas maneras, con afecto, haciéndote merecedor o merecedora del cariño del resto. Aunque ser amable se recuerda del mismo modo que ser grosero, la amabilidad predispone favorablemente a las personas para que te escuchen y te ayuden en lo que necesites. Incluso si la persona no tiene bajo su control la capacidad de poder resolver tus problemas, ten por seguro que tu buen trato podría comprometerla para permitirte encontrar una respuesta, una solución, o simplemente para que te haga ese favor que necesitas de la mejor manera posible.

Ser amable también atrae a las personas y les genera interés en ti. Y como deportista, una de las cosas que más debe enfocarte es el respaldo sea por simple aliento, o sea para conseguir diferentes cosas  algo complejas, como un auspicio. También te permite tener ciertas concesiones en los servicios que sueles utilizar. Un o una deportista siempre causa admiración, pero un o una deportista amables siempre serán las personas a las que todo el mundo querrá apoyar en lo que pueda.

Y como siempre, hazlo porque te nace. La gente suele darse cuenta, tarde o temprano, cuando tu actitud es real o cuando solo es un disfraz.



Humilde, pero no tímido
La humildad es el reconocimiento propio de todo lo capaz que eres sin creerte más o menos importante que el resto. Simplemente se trata de cuán grande puedes llegar a ser, y que te ha costado trabajo ir consiguiendo, sin que éso te haga altanero, despectivo o soberbio, que sería su peor extremo opuesto.

El otro extremo negativo de la humildad es la timidez, la sensación que tienes de no merecer lo que has conseguido o el reconocimiento que te dan, y que nace de tu propia inseguridad. Y ésta es la palabra clave de todo este consejo.

Si brillas con tu propia luz (no prestada, no robada), no tengas miedo de que el resto se dé cuenta; simplemente brilla. No cometas el error de apagar ese brillo porque te arrepentirás a la larga, o alimentarás un recelo tonto contra el resto por no darte tal o cual espacio u oportunidad.

El truco está primero en que aprendas a quererte con lo bueno y lo malo que tienes, a reconocer que puedes mejorar lo bueno y corregir lo malo, y sentir orgullo (no soberbia) por cada meta que vas logrando.

¿Recuerdas lo de decir "gracias"? Si te lo reconocen, agradécelo, no te desconcentres de ti mismo y persigue tu próxima meta. Y cuando la obtengas, repite la operación. Y este consejo también aplica para las redes sociales. No importa si tienes muchos o pocos seguidores (lo que es relativo), decirles qué vas logrando y agradecer cuando la gente te lo aprecia, te alimenta el alma y te prepara el cuerpo para ir adelante con mayor gusto.

Y si la gente no te lo reconoce, tómatelo con calma, analiza si se trata de una crítica dura o de simple envidia. En cualquier caso, no dejes que éso te desanime; conviértelo en combustible para continuar hacia el infinito y más allá.

Tu privacidad tiene límites
Toda persona que destaca en cualquier campo de interés público, incluyendo el deportivo, podría generar inquietud y curiosidad. Es natural y hasta es legítimo. La pregunta es hasta dónde pueden llegar esa inquietud y esa curiosidad. Respuesta: hasta donde tú lo permitas.

Establece círculos de acceso a tu vida y otorga a las personas un privilegio de acceso según el grado de confianza que vayas desarrollando con ellas: lo íntimo, que solo te importa a ti; lo privado, que usualmente tiene que ver con tu entorno más cercano; lo público, que puede ser conocido por el resto.

Nunca cometas el error que un círculo invada al otro, porque cuando pierdes el control de los accesos, ni tú mismo te darás cuenta qué corresponde a quién, y en qué momento. sí, así de confuso terminarás.

No des tu confianza total a las personas que se te acercan. en cierto modo, primero estúdialas con cuidado, de ser posible pide referencias confiables a personas que te han demostrado una visión más objetiva, y anda despacio en esos terrenos. Lo mismo aplica para las redes sociales.

Tu entorno no debe ser tóxico
Hablando de la gente que te rodea, un error que solemos cometer es interactuar con personas que nos alimentan tanto el ego que, cuando nos encontramos con personas más juiciosas, creemos que nos están agrediendo. Al otro extremo, tenemos las personas que parecen que nos dan un libro de Aritmética o Álgebra: problemas tras problemas.

Ten la claridad suficiente para detectar cuando tus entornos comienzan a hacerse tóxicos, venenosos, contaminantes. Y cuando las cosas no sean claras para ti, ten el coraje de pedirle a alguien confiable (no de esos entornos) que te ayude a ver la situación, no a que resuelva el problema por ti.

Lo saludable en estos casos es abandonar los entornos tóxicos y migrar a otros en los que puedas crecer en forma equilibrada. Será difícil, pero recuerda que te hiciste para remontar lo difícil, así que tiene que ver más con valor para tomar una decisión radical.

Ésto no solo aplica a las personas sino también a los espacios. Si puedes dejarlos de lado, sería lo más recomendable; si no, adecuarlos de tal manera que, al menos, te provean un lugar tranquilo donde puedas descansar. Igual con tus redes sociales.



Las metas toman tiempo
Todo el mundo te lo repite, pero también es cierto que todo el mundo busca la manera de que ésto se abrevie lo más posible, y ahí está el error. En el esfuerzo de hacerlo todo más inmediato, mucha gente termina quemando etapas y causándose un daño a largo plazo que puede terminar, incluso, con su propia vida.


Acostúmbrate a dar un paso a la vez y a pararte firme cuando lo consigas; entonces, da el siguiente. Aunque la tentación de saltar está presente todo el tiempo, y aunque lo puedas, es mejor seguir paso a paso.

Obviamente que esto significa invertir tiempo más que todo, pero la virtud de todo y toda deportista es la perseverancia, enfocarse en algo hasta conseguirlo. Repasa lo que pusimos sobre ser humilde líneas arriba, por si acaso.

Aquí también es bueno recordar el poder del No, una vez que se compruebe que, efectivamente, la idea o propuesta planteada no es la mejor. Sí, tendrás que desarrollar tu capacidad de analizar las cosas con cabeza fría. Tampoco se consigue de un momento a otro, y puede que te equivoques al inicio. Hazlo, porque de los errores también se aprende, o mejor dicho, especialmente de los errores se aprende.

Diversifícate
Si escuchaste que alguien te aconsejó (especialmente papá o mamá) que tengas en mente algo además del deporte, hazle caso. Recuerda que, incluso si te dedicas exclusivamente a él, el deporte tiene una vida limitada dentro de toda tu vida, ¿y qué harás cuando llegue ese momento?

Varios y varias deportistas poseen una o más profesiones adicionales, que ejercen de manera paralela o una vez que su ciclo ha finalizado. Incluso si has pensado poner tu propia academia, gimnasio o escuela de entrenamiento, ¿no crees que sería útil llevar algún curso de Administración o Contabilidad?

Es recomendable que te profesionalices en el deporte que practicas, y actualmente muchas federaciones a nivel mundial ofrecen cursos y certificaciones oficiales que te dan más peso... profesional, es decir. Además, no es mala idea aliarse con alguna universidad o instituto para crear cursos de extensión que apunten al mismo propósito.

Ahora bien, si tus opciones están fuera del campo deportivo, prepárate para ellas, de tal forma que si las tienes que asumir, lo hagas con la competencia requerida. Ojo que poner en tu hoja de vida que eres deportista calificado, aumenta puntos. Te lo aseguramos.



Cuerpo sano en mente sana
Sí, sabemos que la máxima es al revés, pero en la formación de tu actitud también aplica esta variante. Y es que no solo se trata de que consigas un físico espectacular, sino que éso vaya a la par con saber manejar tus emociones, ir resolviendo adecuadamente tus problemas, aprender a relacionarte positivamente con las personas, y -por qué no- liberarte de prejuicios (ideas anticipadas) y estereotipos (etiquetar a la gente sin conocerla).

Gran parte de tu desempeño físico depende de cuán preparada tengas tu mente. Cuando una de ellas se desequilibra, te desequilibra todo.

Tu trabajo mental no solo pasa por recibir un consejo profesional adecuado y especializado (un psicólogo, y de preferencia deportivo, es recomendable), sino porque también te tomes el tiempo necesario para ir ejercitando tu mente a través de la neuroprogramación o la meditación. Algunas personas preferirán confiar en el poder de la oración, lo que también te permite proyectarte a un plano espiritual: hazlo porque también funciona.

La lectura o hacer otros pasatiempos productivos también ayudarán a que no solo cultives tu mente sino que adquieras nuevos conocimientos que puedes incorporar a la práctica de tu deporte o disciplina. Finalmente, no solo se trata de ser hábil sino sabio.

Si te estresas, pierdes
Como resultado de lo anterior, aprende a detectar cuando tu nivel de tensión aumenta tanto que no solo te afecta mentalmente, también físicamente. Y si te afecta físicamente, tu rendimiento podría decaer. Sin embargo, aprende a trabajar bajo presión. Por éso, los propios deportistas de mayor experiencia aconsejan que te dediques al deporte que más te gusta para que puedas procesar esos niveles de tensión en forma positiva, evitando que te desanimes, lo que sería fatal.



Ríe, canta, baila. Haz algo que te saque de la zona de estrés, que despeje tu mente, de tal forma que te sea fácil retomar la concentración cuando sea necesario. Y aprende que tus tiempos de descanso son para el descanso.

Tu opinión importa... ¡e inspira!
Todo lo que aprendes en tu proceso de entrenamiento, competición, y en general todo lo que rodea a tu vida de deportista puede ser una interesante lección de vida que vaya más allá de lo deportivo. No pierdas la oportunidad de compartir esos aprendizajes con la gente, en especial las nuevas generaciones, las que siempre están buscando un modelo a seguir.

Del mismo modo, te recordamos no perder la oportunidad de usar los medios de comunicación para compartir esos saberes. Aunque éstos podrían estar interesados en el número de medallas o tu próximo evento deportivo, no temas agregar a tus declaraciones algo nuevo que genere titulares destacados. Si tienes dudas al respecto, contáctanos para aconsejarte.

Si te identificas con alguna causa social, no dudes en destinarle tiempo y prestar tu imagen, incorporando tu experiencia como deportista para lograr que más gente adopte actitudes positivas. Desde el lavado correcto de las manos hasta las campañas contra el hostigamiento y la discriminación, siempre hay una causa esperando por ti para darle fuerza.

martes, 18 de junio de 2019

Cómo ser de ayuda cuando alguien tiene un problema




La presión pública que existe sobre un fisicoculturista o un atleta en general puede ser tan alta como esta persona haya construído una marca, y esa marca sea sinónimo de logros, de conocimiento o de popularidad; pero, el problema llega cuando el personaje sobre el que se aplica presión no siempre va en consonancia con la persona que lo encarna, y cuando eso sucede, la reacción puede ser autodestructtiva.


Cuando eso llega a pasar, la reacción del público suele ser mixta según el grado de simpatía o antipatía hacia el personaje, el que muchas veces tiene que nacer, crecer y mantenerse en una forma vertiginosa, respondiendo más a los mandatos del mercado que a los propios procesos de construcción personal. Y la justificación de muchos deportistas es que, ante todo, tienen que responder ante un auspiciador, si lo tienen, o adaptarse a las condiciones que le impone un potencial auspiciador, si lo encuentran. Y si la persona no se ha preparado mentalmente para entender estas exigencias y saber hasta qué punto puede poner un límite, la frustración, la tristeza, la ansiedad pueden manifestarse por alguna parte hasta explotar en diferentes grados.


Muchas carreras deportivas se han visto frustradas cuando ese punto de no-retorno se ha manifestado súbitamente o se ha hecho público, y si la tendencia autodestructiva ya estaba manifiesta en la cresta de la ola, puede que se acentúe una vez que ésta rompa, y el círculo vicioso termina hundiendo más y más a quien esté dentro de él.


Es por eso que la asistencia psicológica es clave en el trabajo y la vida de cualquier deportista; sin embargo, muchos programas de patrocinio no lo incluyen y muchos instructores o personas reconocidas como mentores no tienen todas las herramientas para servir como un soporte’ emocional porque piensan que no es parte del trabajo, porque creen que eso se corrige solo o porque también están en esa tendencia autodestructiva. Y lo que es peor, los propios fisicoculturistas o atletas prescinden de este tipo de servicio alegando que no están ni locos ni dementes.


Entonces, aquí la clave es romper ese círculo vicioso, y el trabajo no es solo del fisicoculturista o atleta; también tiene que ver su entorno, en particular otros fisicoculturistas oatletas que tengan cierta claridad para detectar cuándo uno como ellos comienza a hacer corto circuito y podría ir acumulando energía que puede estallar en el momento menos esperado. Como este problema suele ser más común de lo que mucha gente piensa, aunque no se hable sobre él, vamos a delinear aquí un protocolo que puede funcionarte.


Si alguien te lanza soga es porque alguien necesita ayuda
Una regla básica consiste en diferenciar entre la persona que necesita ayuda y la persona que busca ayuda. La primera muestra signos evidentes de que sus cosas no están marchando bien pero prefiere guardárselas para sí misma o prefiere ignorarlas; la segunda sabe que algo anda mal, como un barco a la deriva, y siempre estará viendo en la orilla a dónde lanzar soga para que alguien le ayude a recuperar el rumbo. Concéntrate en este segundo tipo de personas porque son las que realmente querrán salir del hoyo.


Entonces, si ves que alguien parece estar en problemas, mantente a la expectativa y procura que lo tenga claro. Un cordial “siempre cuentas conmigo” dicho en privado será más que suficiente para que la persona en problemas esté sobreaviso de que, cuando decida dar el paso, realmente tendrá con quién contar. Por supuesto, haz que no sean palabras vacías o diplomáticas, sino que se trate de una promesa real.


Ahora bien, ¿qué hacer si la persona necesita ayuda y no la busca? A menos que te creas con la capacidad suficiente para asumir todo un proceso de consejería y acompañamiento, lo mejor es esperar a que cambie de actitud. Aún así, si crees que debes lanzarle un “siempre cuentas conmigo”, hazlo, pero no te frustres si después del “gracias” no pasa nada.


Si tú eres quien está en problemas, busca a alguien que va a decirte las cosas claras para salir de ellos, no quien va a decirte lo que quieres escuchar y engañarte de que no pasa nada.


Detecta las frases, anticípate a los temas centrales
Muy poca gente suele pedir ayuda bajo la fórmula de “Me pasa esto, necesito un consejo”. Por lo general, la persona suele proyectar el problema y usa una fórmula del tipo “Qué harías tú si te sucediera esto o aquello?”. Claro que si la persona usa la primera fórmula quiere decir que su decisión de afrontar y resolver su problema es firme… aunque esto es muy relativo.


Sea cual fuere la forma, lo primero que debes hacer antes de responder es verificar si el espacio es el correcto y el tiempo es suficiente (ver el siguiente paso). Si la respuesta es afirmativa, trata de contestar de manera sincera y sintética: recuerda que, por el momento, quien tiene el problema es la otra persona. Aunque eso no resta que tú también puedas estar pasando por lo mismo o por otra situación diferente, sí sería correcto que aprendas a respetar cada caso individual.


Si el espacio y el tiempo no son los adecuados, actúa con sensibilidad. Un “Es una pregunta muy interesante y me gustaría responderla; pero, ¿te parece si lo conversamos más calmados?” puede funcionar, quizás subrayado con un gesto que signifique “aquí no es bueno hablar”, una palmada cálida en el hombro y una sonrisa. Sí, todo eso es un poderoso calmante.


Otra cosa que debes considerar es irte anticipando a lo que va a contarte esa persona. Ponte en todos los escenarios, imagina las frases que puede soltar, y prepara respuestas (mira más abajo en estos consejos). No hay peor retroalimentación para esa persona que poner tu mejor cara de sorpresa, desolación o terror. Simplemente contribuirás con acentuarle la idea de que no tiene remedio, y eso no es cierto. No de primera mano. Claro que esto funciona mejor si sabes mantener tu mente abierta; si no, lo mejor será que digas un “Entiendo, ¿lo hablamos después?”, y asunto arreglado.


Desconectar con el mundo, reconectar consigo mismo
Una vez que acuerden reunirse para conversar sobre el problema, tienes que considerar dos cosas: primero, tener todo el tiempo posible para que la persona se explaye; segundo, que el lugar donde van a reunirse no tenga distracciones de ningún tipo. Además, con esto de la hegemonía tecnológica, tiene que ser un espacio y un tiempo en que puedan prescindir de ella al máximo.


No es una reunión social, es una conversación privada, así que mientras menos elementos distractores tengan podrán concentrarse más en el asunto. Considera que se trata de una actitud de respeto con esa persona, consigo misma y contigo. Si van a depender de un celular prendido, lo mejor es que lo dejen para otro momento, porque no hay nada más desconcertante que abrir el corazón y de pronto una llamada o un mensaje imposibles de evadir corten toda la hilación.


Sobre el tiempo, obviamente busquen aquél cuando ambos no tengan nada que hacer. Los fines de semana son ideales puesto que siempre se dedican al descanso. Sobre el lugar, como dijimos, algo que evite las distracciones y que en todo caso favorezca la comodidad de la otra persona, no la tuya. Aunque nuestro consejo es buscar un sitio como un espacio rural o una playa, si la otra persona se siente más cómoda bajo techo, respeta su decisión.


La primera vez es para desahogarse
Cuando alguien tiene un problema y nunca antes lo ha conversado con alguien más, pasa que experimenta algo llamado catarsis o liberación del yo interior. Lo peor que puedes hacer es cortar este proceso, así que deja que transcurra sin interrumpir. Permite que esa persona vaya tomando confianza, vaya desahogando lo que siente, vaya construyendo su historia o su argumento con toda libertad hasta que se haya deshecho de todo. Por eso insistíamos en la importancia de cuidar el espacio y el tiempo.


Si detectas que tiene dificultad para hacer esa catarsis pero desea experimentarla, podrías crear algún tipo de dinámicas simple que ayude a este propósito. Si manejas ejercicios de meditación, éstos suelen ser muy beneficiosos. Si no manejas ambas técnicas, puedes escribirnos a chulucanasgym@gmail.com para darte ideas.


Sobre tu lenguaje corporal, lo que recomiendan los psicólogos es que se ubiquen cómodamente tan cerca como la confianza se los permita, ya sea frente a frente, o uno al lado del otro. Lo importante es que exista un entorno de intimidad que favorezca desahogarse. Solo si su grado de confianza es alto (especialmente si son amigos personales), una mano en el hombro o un brazo  sobre los hombros con un rostro sereno son increíbles, así que no dejes de experimentar el contacto físico. Pero, si la persona lo rechaza, no insistas.


Escucha sin juzgar
Dijimos anteriormente que una de las cosas que debes hacer cuando alguien te pide ayuda es anticiparte para saber cómo reaccionar. No se trata de armarte con prejuicios; se trata de hacerte más fuerte para poder proporcionar la ayuda que se requiere. Por lo mismo, cuando esa persona comience a desahogarse, y mientras lo haga, no la interrumpas para decirle si fue bueno o malo lo que hizo o dijo, solo deja que haga su proceso. Una vez que haya finalizado, puedes emitir algún juicio de valor cuidando ser muy sensible y firme al mismo tiempo.


Dijimos anteriormente que debes tener una mente muy abierta para enfrentarte a lo que tengan que contarte, y en este aspecto considera que cualquier tema controvertido puede aparecer en la conversación. En nuestra experiencia, los escenarios probables que constituyen cargas emotivas muy fuertes para cualquier persona son: su situación familiar o económica, el consumo de sustancias prohibidas o adictivas, alguna condición crónica de salud, acoso o violencia, algún problema legal, una orientación sexual reprimida o una decisión laboral poco convencional o extradeportiva.


Sería complicado aquí decirte cómo reaccionar ante cada escenario porque los problemas varían de persona a persona; sin embargo, insistimos en que tu serenidad, tu firmeza, tu afecto y tu sentido común (especialmente) van a ser de muchísima ayuda.


Aconseja con sinceridad y aprende a poner límites
Una de las cosas que más se va a valorar cuando te toque dar tu punto de vista es decir lo que piensas con honestidad, no lo que la otra persona esperaría escuchar, si no, ¿por qué te buscó a ti? Sin embargo, aunque la persona tenga toda la intención de solucionar el problema, es probable que oponga resistencia al inicio. Si eso pasa, no te esfuerces en hacerle cambiar de opinión porque será peor; solo da tu punto de vista y deja que, tras la charla, lo reflexione consigo misma y tome el curso de acción más adecuado.


Una vez que ambos no tengan más que conversar, cierren el momento de manera natural, amistosa, alegre, que se sienta como algo liberador todo el rato que se invirtió, no que se añada más cargas ni para ti ni para esa persona, porque de eso no se trata.


Si ambos creen que una sesión no bastará, pónganse a disposición para hablar y escuchar según sea el caso; pero, eso sí, adviértele cuáles son tus tiempos disponibles para que también exista sentido de respeto desde su propio proceso. Recuérdale que te dará gusto escucharle, agradécele por la confianza que te depositó, y desafíale a que vaya tomando pasos para resolver lo que le agobia. Esto tiene que estar claro de todas maneras. Lo mismo con los espacios personales: ¡no pueden invadirse cuando a alguno le dé la gana!


Por nada del mundo dejes que tu participación se convierta en dependencia de ningún tipo. Eso sí sería perjudicial. Una cosa es la humanidad y el sentido de solidaridad, pero otra cosa es aprovechar la oportunidad para subyugarse en cuerpo y alma. No permitas eso, y cuando sientas que está sucediendo, páralo y toma la mejor decisión para ambos, incluso tomar distancia.


Tu ayuda no reemplaza la ayuda profesional
Como dijimos al inicio, muchos fisicoculturistas y atletas prescinden de una atención profesional por parte de un psicólogo o un psiquiatra, si fuera el caso, pero también son conscientes que en varios momentos de su vida requieren tener su mente saludable (tanto o más que su cuerpo). Es allí cuando tu ayuda como un soporte emocional funciona favorablemente; sin embargo, una cosa que debes tener muy clara es que tú no reemplazas el trabajo de un psicólogo o un psiquiatra, a menos que lo seas, lo que significa una doble ventaja para quien te pide ayuda. Pero, si no eres ninguno de esos profesionales, tu trabajo consiste en complementar y apoyar las terapias o los tratamientos siempre que se indiquen.


En ese sentido, tu responsabilidad como soporte emocional es incluir dentro de tu paquete de consejos el que la persona que te pida ayuda consulte a uno de estos profesionales de la salud. Incluso podrías acompañarlo el día de la consulta.


Ahora bien, no todos los casos tienen que terminar ante un psicólogo o un psiquiatra, sino aquéllos donde tus recursos como soporte y los recursos de esa persona para sanarse a sí misma estén limitados, cuando sinceramente vean que hay una barrera que el simple consejo no va a superar. Ahí es cuando uno tiene que ser valiente y aceptar la ayuda profesional.


Si en tu comunidad no hay un psicólogo deportivo, averigua qué psicólogos clínicos hay, así como los médicos psiquiatras existentes. Vale la pena tener a mano sus números de teléfono y preguntar por referencias a personas serias para que las consultas sean realmente sanadoras, porque –hay que decirlo- muchos profesionales de la salud mental suelen tenerla más deteriorada que una persona promedio.


Edúcate al respecto, acumula sabiduría
¿Recuerdas cuando hablábamos de anticiparte a la conversación? Es probable que esta etapa la hagas sobre la información que ya conoces; pero, ¿cuán acertada es esa información? Si eres de quienes adora leer de todo y tener una cultura general por encima del promedio, puede que te dé más amplitud de criterio para comprender lo que la persona que pide ayuda va a decirte. Eso suma puntos.


Sin embargo, por más que te anticipes, habrán temas que estarán fuera de tu alcance. No es tu culpa porque no podemos saberlo ni intuirlo todo. Cuando eso suceda, ayuda dentro de tus posibilidades, pero comprométete a investigar y aprender sobre el tema en fuentes confiables que puedes encontrar ahora incluso en la Internet. Si consigues que ese proceso de investigación y educación lo hagas con la persona que te pide ayuda, mucho mejor. Es probable que ambos descubran que la solución era mucho más sencilla de encontrar.


De todos modos, date un tiempo y un espacio para continuar aprendiendo sobre el tema que involucra a la persona que te pide ayuda. Si es posible, consulta especialistas serios, intenta educar a tu entorno, especialmente en el lugar de entrenamiento. Tú sabes muy bien que es uno de los lugares donde los prejuicios son abundantes, y muchas veces mata más la ignorancia que el propio problema. Hasta puede salvar tu propia vida.


Recuerda que ayudarás a resolver un problema, no que vas a resolver el problema por la otra persona
Como dijimos anteriormente, un error fatal cuando se da soporte emocional es dejar que la persona que te pide ayuda te deje todo el problema encima para que tú se lo resuelvas, o generar lazos de dependencia mediante los que esa persona no va a mover un dedo a menos que tú se lo indiques. Ambos escenarios no son adecuados ni saludables, así que debes evitarlos desde el inicio del proceso.


Un “Mira, yo voy a ayudarte en lo que pueda, pero quien va a resolver el problema eres tú” dicho con amabilidad y firmeza desde el primer momento es un buen inicio. Nunca dejes de incluir esta advertencia. Del mismo modo, cuando sientas que esa persona te lanza un “hazlo por mí” o fórmulas similares, tú responde con la misma actitud algo como “eso no fue lo que acordamos” o “Es como si quisieras ser Mr. Universo pero yo entreno por ti”.


Siempre hazle hincapié a la persona que aunque tú puedas darle pautas o ideas para encontrar una solución al problema, es esa persona quien tiene la responsabilidad exclusiva de resolverlo. No cedas al chantaje emocional de “si fueras mi amigo” o “pero tú me dijiste”, Recuérdale y recuerda que cada individuo tiene libertad para tomar sus decisiones, así que el éxito o el fracaso está en sus manos, no en tus manos ni en las manos de nadie.


Lo que te diga muere contigo
Uno de los requisitos de cualquier soporte emocional es la confidencialidad. Todo lo que se converse, la forma cómo se reaccione, el contenido de la conversación es algo que debe quedar únicamente entre ustedes. Nadie más tiene derecho a saberlo, y en todo caso, es la persona que pide ayuda quien tiene que decidir con quién y cómo comparte lo que le está pasando.


Incluso si el contacto se hace mediante las redes sociales (que es una posibilidad válida), nunca se te ocurra utilizar los espacios virtuales públicos para establecer contacto o aconsejar. En todo caso, utiliza el chat, que ofrece cierta privacidad. Aunque en la medida de lo posible, lo mejor es el contacto presencial.


Si tienes que felicitar a la persona por haber avanzado en su proceso o haberlo concluído, procura que sea en privado. Si la persona, a pesar de tus precauciones, desea que su problema se haga público, es su derecho. Decide si también quieres salir a la luz como la persona que ayuda, pero hazlo siempre que la persona te lo pida. Jamás tomes la iniciativa de destacar por tu cuenta porque destruirás todo el proceso de sanación y se verá como una acción muy desagradable.


Como siempre, cualquier duda que tengas, nos puedes escribir a chulucanasgym@gmail.com o seguirnos en nuestra cuenta de Twitter.


Nuestro equipo fundador de ChulucanasGym aparece en este artículo.

miércoles, 10 de julio de 2019

¿Un culto basado en el fisicoculturismo?

ACONSEJAMOS DISCRECIÓN DEL VISITANTE


La historia probablemente no es nueva, pero en este caso quienes la cuentan sí procuraron graficarla, como aparece en esta entrada. Se trata del joven campesino, quien no encuentra oportunidades para desarrollarse en su entorno y decide migrar a la gran ciudad; pero, en lugar de hallar progreso, halla muchos obstáculos y múltiples tentaciones que lo ponen al borde del riesgo social, principalmente la delincuencia y la drogadicción.


Entonces, una mano solidaria lo descubre en un empleo eventual, donde solo tiene lo necesario para sobrevivir, y se da cuenta que tiene potencial para hacer carrera en elfisicoculturismo. Le abre las puertas de un gimnasio, el joven se maravilla ante el nuevo mundo que se le revela y toma la oportunidad; comienza a entrenar, crece físicamente, cambia su mentalidad del conformismo a la competitividad, se anima a concursar y eventualmente obtiene pequeños-pero-significativos triunfos.


Es evidente el contraste entre una vida sin metas y lo que parece ser el inicio de una carrera que promete logros, y podría ser la historia de tu propia vida. Pero, el elemento que probablemente nadie pensaría es que, en lugar de que la historia fuera impulsada a alguna revista o algún sitio web especializado en fisicoculturismo, tendría un uso mas bien religioso. Sí, el desarrollo muscular del fisicoculturista llega a ser utilizado para afianzar un culto muy pequeño en cuanto a seguidores, pero que usa una simbología ancestral.


Sucede en Jamaica, donde la Iglesia de Cristo Kyrios, que plantea una gran influencia de la cultura africana en las tres grandes religiones de la humanidad, pero que se volvió invisible por aparentes factores raciales, ha usado el poder del fisicoculturismo para hacer popular el culto a uno de sus orishas, una especie de semidioses, llamado Olorun. La Iglesia, que fundamenta su teología en los cultos yourubas, también plantea la reivindicación de la población afrodescendiente en la historia universal, y cada año monta una ceremonia en la que recrea el mito de ese orisha.


Según sus feligreses, Olorun fue hecho esclavo durante el tráfico colonial iniciado el siglo XVI (del que han nacido hermosas obras de la literatura en las Américas). Una vez viviendo en las barracas de una hacienda ubicada en el actual pueblo de Chalacalá, cerca de la ciudad de Sullana, Perú, el orisha tuvo un temperamento rebelde, por lo que el hacendado solía castigarlo dejándolo desnudo y poniéndole un grillete con cadenas para humillarlo. Pero Olorun, invocando fuerzas divinas, tomaba el grueso pedazo de fierro con sus manos y lo rompía a sola voluntad.


Una táctica muy antigua
Independientemente de que el evento fuese históricamente cierto o no, es representado durante esta ceremonia en Jamaica, con el propósito evidente de que la feligresía no lo olvide, y de ese modo reafirmar los valores del culto. Y, según la Iglesia, cada año se busca a un modelo, usualmente jamaicano o colombiano, para que encarne el rol de Olorun, algo que, según los líderes de la organización, es aceptado como un alto honor por el actor elegido.


La idea de tomar un ser humano real para recordar o invocar una referencia abstracta o una creencia es un recurso tan antiguo como el arte y la cultura de la humanidad. En la Grecia Clásica, solían usarse a los ganadores de las Olimpíadas como modelos para las esculturas de los dioses (o las diosas porque también habían concursos para mujeres), y uno de los principios filosóficos en los gimnasios antiguos afirmaba que la perfección de la figura humana era la forma más cercana de parecerse a un dios o una diosa.


Y esa relación de arte, salud y religión se ha mantenido en el tiempo, quizás oculta hasta el Renacimiento (siglo XV), pero presente hasta nuestros días. Si no, mira detenidamente a tu alrededor cuando vayas al gimnasio y saca tus propias conclusiones.


¿Bueno o malo?
Por lo mismo, siempre que el fisicoculturista sea consciente que es él quien está entrenando, podría ser una interesante estrategia para desarrollar constancia, uno de los valores que más trabajo cuesta cultivar. Pero si el fisicoculturista no es capaz de quitarse el personaje de dios o semidiós, o celebridad, o persona famosa, o referente popular, sí será necesaria ayuda profesional conconsejería de pares.


En este sentido, la labor del entrenador es crucial. No debe reducirse a cuidar que el atleta haga correctamente el movimiento o complete las repeticiones y series requeridas; también debe tomarse el tiempo para explorar la psicología de su alumno con tal de darle el apoyo correcto, y saberlo motivar para que siga superándose. Quizás no necesariamente hay que decirle que tiene que verse como un dios, pero sí es importante retroalimentar las metas que se propusieron desde el inicio del entrenamiento. Y quizás, ésta es una de las palabras clave: metas.


Por lo demás, el uso de la religión para fomentar un estilo de vida saludable, siempre que se haga de modo consciente y no se caiga en el fanatismo, podría resultar muy positivo. Muchas religiones ancestrales tienen prácticas muy específicas sobre alimentación, por ejemplo, que se han incorporado como esquemas dietéticos aceptados por organismos internacionales, pero subrayando el fomento de la variedad y el balance.


Y en cuanto a la relación del arte con el fisicoculturismo, nos parece una excelente combinación siempre que el fisicoculturista vea su faceta de artista como una dimensión liberadora en todo el sentido de la palabra, y no como una obsesión muchas veces mal orientada por ciertos productores o manejadores de carrera, quienes podrían estar pensando las cosas más con criterio de audiencia o ingresos monetarios. Al igual que con la comida, todo en su perfecto equilibrio siempre será positivo.


Shive Roy aparece como modelo en esta entrada. Las fotografías han sido proporcionadas por Dwight Foster.


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miércoles, 10 de abril de 2024

¿qué influye en tu capacidad para enfocarte?

Dar tus primeros pasos firmes en el fisicoculturismo depende de ti y de tu entorno.

 



Fotos y videos proporcionados por Once Tr.

 


 

Cuando Once Tr tenía 17 años de edad, le tocó pasar una de sus primeras pruebas de fuego en el fisicoculturismo. Concursó en la categoría juveniles a nivel de toda la provincia de Talara (Piura, Perú). “Era el más joven de todos ese día”, recuerda. Lo hizo muy bien: quedó en segundo lugar.

 

“Mis papás y mi tío me motivaron para que lo haga y así ir agarrando experiencia”. Solo para el registro, el tío al que se refiere Once es el fisicoculturista profesional y campeón sudamericano José Escobar.

 

Un año antes, a los 16, había comenzado su entrenamiento en esta disciplina, pero ya traía la experiencia de las otras disciplinas que había practicado antes; el muay thai entre ellas. “Porque antes no me gustaba mucho el mundo del fitness,pero de la nada empecé a entrenar y me quedé en esto”, afirma.

 

Al momento de publicar esta entrada, Once Tr tiene 19 años de edad, 170 cm de estatura y 77 kilos de peso. Está enfocado plenamente en el fisicoculturismo y ha comenzado a trabajar como entrenador y entrenador personal en el Seco’s Gym, el gimnasio que sus padres tienen en Los Órganos, una de las ciudades del circuito de playas de Talara, al norte del Perú.

 



“Es parte del proceso”

Sus días de lunes a sábado comienzan a las 7:00 de la mañana. Su primera tarea es entrenar a otras personas. Las tardes están dedicadas a que él entrene su propio cuerpo.  Después de las 10:00 de la noche, Once ya está en su cama.

 

“Es difícil ya que estar tanto tiempo metido en un solo lugar es estresante,pero es por un propósito, así que yo lo veo como parte del proceso”. Eso no significa que deje de distraerse en sus ratos libres: “Me gusta salir a comer con amigos,ir a la playa o jugar videojuegos a veces”.

 

Y cuando tienes 19 años de edad, los amigos muchas veces te tientan a que saques los pies del plato alguna vez. Es ahí donde entra tu fuerza de voluntad: “Si no tengo tiempo pues digo que no puedo O si es algo que no me gusta les digo que no me gusta o por ahora no”.

 



La motivación viene de casa

Once Tr entrena como fisicoculturista, en sus propias palabras, porque le gusta; pero ese gusto ha sido influido por un papá fisicoculturista y una mamá que se involucró en el fitness por motivación del papá de Once, Rigoberto Paredes El Seco. Aunque no es una regla general, ¿no sería lógico que si tus dos papás son deportistas termines siendo deportista?

 

Claro que al inicio Once no quería saber nada con el fisicoculturismo, a pesar de la insistencia de sus progenitores: “me acuerdo que un día yo les dije que cuando me matriculen en una academia de artes marciales, ese día entro al gym" . el deseo fue concedido, pero Once también tenía que cumplir su parte del trato: “Ese día entré al gym sin saber que me quedaría en esto”.

 

El apoyo de sus padres ha sido total; en retribución, Once los apoya trabajando en el gimnasio. Y ese apoyo se extiende a lo que ya es su carrera deportiva.

 



Ser firme

Al respecto, sus amigos piensan que Once se ha sacado algo así como la lotería: “Dicen que tengo suerte de tener unos papás así porque parece que me dan todo, pero no es así; simplemente vivo tranquilo y ya”.

 

Once sostiene que debes ser firme en lo que quieres. En su caso, lo tiene más que claro: “Seguir en lo mío,porque cuando se te mete algo en la cabeza no debes dejar que nadie te impida hacer eso que quieres “.

 

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miércoles, 26 de octubre de 2016

La alimentación, enfoque de poco interés para el humano




Hasta la actualidad el tema de la alimentación es uno de los puntos críticos  y de poca importancia que significativamente no tiene el grado primordial de una realidad problemática que debe tener, y que a consecuencia de ello  debe solucionarse poco a poco.

 ¿Qué es la alimentación?
La alimentación  es un mecanismo que sustenta el vivir  de la persona que busca un estilo de vida saludable y que, a consecuencia de ello, concibe beneficios positivos tales como el fortalecimiento del sistema inmunológico.

Su Importancia:
El sujeto, al realizar actividades físicas tales como  es estudiar, caminar, dialogar y hasta en el momento de descansar, necesita la energía suficiente para desarrollarlas. He ahí donde la alimentación entra a tallar como un núcleo básico y fuente de impulso para hacerlas.
Es aquí donde incluímos la actividad deportiva, ya que en complicidad con la alimentación, sustenta efectos que conservan el mejor desarrollo del estilo de vida saludable y que afirma el mejor vivir
Para este tema de inconmensurable importancia tomaremos como factores los siguientes:

Factor socioeconómico: Los individuos al estar enfocados en su vida rutinaria  olvidan el tema de su alimentación. Viven en un mundo donde solo existe el pensamiento de sus deseos. En la sociedad se observa que  a la persona le interesa poco su salud.

¡Hagamos un campo de observación! Cuando  salimos a caminar vemos que en  el entorno existen muchos establecimientos de comida rápida y que el individuo acude a menudo, y que por consiguiente esta situación produce una mala alimentación, comprometiendo su bajo desarrollo.
 Podemos aportar que la economía  se genera como un punto crítico, en la que  el ser se centra en un pensamiento que se basa simplemente en generar el aspecto patrimonial y dejando de lado el desarrollo de si mismo.

Factor Cultural: En este sector, el humano tiende a tener un grado mínimo de conocimiento y concienciación por sí mismo, pero nos hacemos la pregunta ¿y cómo involucrar más al individuo para que tenga  mejores hábitos alimenticios? Atendiendo a esta interrogante se propone  los mecanismos didácticos tales como las sesiones educativas en los centros estudiantiles así como en los centros institucionales, comprometiendo al grupo de estudio al cumplimiento de lo propuesto. 

Otro punto que podemos agregar a esta pregunta es sembrando  en casa siembro  mi estilo de vida saludable. Este proyecto se hace con el fin de que cada persona pueda ser el  director de su propio plan alimenticio, consumiendo los productos orgánicos  que siembra en casa.
Para concluir debo acotar que el estilo de vida saludable debe comprometer la alimentación y el desarrollo físico como enlaces de surgimiento de un vivir en competencia consigo mismo.

Post-produced by Sheyla Benavente.