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miércoles, 10 de abril de 2024

¿qué influye en tu capacidad para enfocarte?

Dar tus primeros pasos firmes en el fisicoculturismo depende de ti y de tu entorno.

 



Fotos y videos proporcionados por Once Tr.

 


 

Cuando Once Tr tenía 17 años de edad, le tocó pasar una de sus primeras pruebas de fuego en el fisicoculturismo. Concursó en la categoría juveniles a nivel de toda la provincia de Talara (Piura, Perú). “Era el más joven de todos ese día”, recuerda. Lo hizo muy bien: quedó en segundo lugar.

 

“Mis papás y mi tío me motivaron para que lo haga y así ir agarrando experiencia”. Solo para el registro, el tío al que se refiere Once es el fisicoculturista profesional y campeón sudamericano José Escobar.

 

Un año antes, a los 16, había comenzado su entrenamiento en esta disciplina, pero ya traía la experiencia de las otras disciplinas que había practicado antes; el muay thai entre ellas. “Porque antes no me gustaba mucho el mundo del fitness,pero de la nada empecé a entrenar y me quedé en esto”, afirma.

 

Al momento de publicar esta entrada, Once Tr tiene 19 años de edad, 170 cm de estatura y 77 kilos de peso. Está enfocado plenamente en el fisicoculturismo y ha comenzado a trabajar como entrenador y entrenador personal en el Seco’s Gym, el gimnasio que sus padres tienen en Los Órganos, una de las ciudades del circuito de playas de Talara, al norte del Perú.

 



“Es parte del proceso”

Sus días de lunes a sábado comienzan a las 7:00 de la mañana. Su primera tarea es entrenar a otras personas. Las tardes están dedicadas a que él entrene su propio cuerpo.  Después de las 10:00 de la noche, Once ya está en su cama.

 

“Es difícil ya que estar tanto tiempo metido en un solo lugar es estresante,pero es por un propósito, así que yo lo veo como parte del proceso”. Eso no significa que deje de distraerse en sus ratos libres: “Me gusta salir a comer con amigos,ir a la playa o jugar videojuegos a veces”.

 

Y cuando tienes 19 años de edad, los amigos muchas veces te tientan a que saques los pies del plato alguna vez. Es ahí donde entra tu fuerza de voluntad: “Si no tengo tiempo pues digo que no puedo O si es algo que no me gusta les digo que no me gusta o por ahora no”.

 



La motivación viene de casa

Once Tr entrena como fisicoculturista, en sus propias palabras, porque le gusta; pero ese gusto ha sido influido por un papá fisicoculturista y una mamá que se involucró en el fitness por motivación del papá de Once, Rigoberto Paredes El Seco. Aunque no es una regla general, ¿no sería lógico que si tus dos papás son deportistas termines siendo deportista?

 

Claro que al inicio Once no quería saber nada con el fisicoculturismo, a pesar de la insistencia de sus progenitores: “me acuerdo que un día yo les dije que cuando me matriculen en una academia de artes marciales, ese día entro al gym" . el deseo fue concedido, pero Once también tenía que cumplir su parte del trato: “Ese día entré al gym sin saber que me quedaría en esto”.

 

El apoyo de sus padres ha sido total; en retribución, Once los apoya trabajando en el gimnasio. Y ese apoyo se extiende a lo que ya es su carrera deportiva.

 



Ser firme

Al respecto, sus amigos piensan que Once se ha sacado algo así como la lotería: “Dicen que tengo suerte de tener unos papás así porque parece que me dan todo, pero no es así; simplemente vivo tranquilo y ya”.

 

Once sostiene que debes ser firme en lo que quieres. En su caso, lo tiene más que claro: “Seguir en lo mío,porque cuando se te mete algo en la cabeza no debes dejar que nadie te impida hacer eso que quieres “.

 

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lunes, 9 de enero de 2023

¿Qué hago ahora que ya no puedo jugar fútbol?

Cuando una lesión pone fin a tu carrera deportiva, no necesariamente significa que sea el fin de tu vida laboral.

 







Las fotos han sido proporcionadas por Martín Castañeda, quien también es el modelo. Para contactarlo, revisa la historia aquí abajo.

 

Martín Castañeda (48) está buscando trabajo como entrenador personal, guardaespaldas y chofer. Debido a la crisis económica existente en Perú, este ex futbolista profesional decidió abrir su abanico laboral y contarnos su historia con la esperanza de que alguien pueda contratarlo: “el trabajo dignifica al hombre”, afirma.

 

Castañeda es natural de Sullana, Perú; comenzó una productiva carrera en el fútbol en 1994 cuando tenía 18 años de edad. Se mantuvo activo hasta 2010, cuando tenía 36 años de edad, momento en que se vio forzado a retirarse debido a una lesión en los meniscos de la rodilla.

 

¿Cómo lidió con la lesión tras 16 años corriendo tras un balón, que incluyó un fichaje por Alianza Atlético, el emblemático equipo de fútbol profesional de Sullana? “Lo tomé de lo más tranquilo porque justo estaba terminando mi carrera”, dice.

 







Qué hizo bien

Cuando te enfrentes a una situación parecida en que tuviste una carrera destacada en el deporte en general, y alguna circunstancia te obliga a parar, tus opciones siempre serán pensar que ya es el fin, o reinventarte sin dejar de hacer lo que te gusta hacer o añadiendo otras habilidades que ya tenías pero que no eran necesarias desplegar en su momento.

 

Si crees que ya es el fin, entra aquí para leer más consejos.

 

Si has optado por reinventarte, el plan que decidió Martín Castañeda puede servirte como una referencia.

 

  1. Prende tu reflector: Ser un deportista competitivo siempre va a poner la luz encima de ti; pero, cuando sales de circulación, ese reflector se va a apagar para que otros nuevos talentos ocupen el lugar que tú ocupabas. Es ley de vida y no puedes hacer mucho en contra de eso… o quizás sí. Vuelve a prender ese reflector pero esta vez cargando con todo tu legado bajo el brazo y una buena historia que contar basada en tus logros y experiencias.
  2. Hazte tendencia: Las redes sociales permiten que cualquier deportista retirado siga manteniéndose vigente si es que uno sabe cómo cultivar una relación cercana y cálida con su comunidad de seguidores. ¿y si no tienes ninguna? Haz lo que hizo Martín: acércate a algún especialista que haya seguido tu ccarrera y que tenga la habilidad de mantener tu vigencia, de tal modo que, aunque ya no estés en actividad, sí estarás en la mente activa de todas las personas. Se llama: mercadeo.
  3. Abre tu abanico: Ésta es una etapa de tu vida en que ya no tienes que concentrar todo tu tiempo a una sola actividad, sino que puedes agregarle otras más en las que te hayas preparado o sobre las que tengas experiencia comprobada. Si no lo tienes claro, haz como hizo Martín: se sentó a conversar con uno de nuestros productores, comenzó a reflexionar sobre sí mismo y sus talentos, y en el proceso pudo definir que podría ser un excelente entrenador personal, un hábil agente de seguridad o un diestro chofer. Tú también explora esas cosas que haces bien y que pueden convertirse en una forma de ganarte la vida, incluyendo tus habilidades deportivas. Todo suma.

 







Qué debe hacer ahora

Una ventaja comparativa de Martín Castañeda es que se acercó a ChulucanasGym y contó su historia. Eso va a darle exposición internacional y es una buena jugada porque las personas que vengan hacia el norte del Perú, van a contactarlo directamente para tomar alguno de los servicios que proporciona. Más adelante te dejamos sus contactos.

 

De hecho que este artículo es un gran paso pero no es suficiente, así que lo que viene a continuación cuenta tanto como lo que hizo hasta aquí:

 

  1. Familiarízate con la tecnología: Tus cuentas de redes sociales te dan exposición pero también deben permitirte hablar directamente con las personas que van a tomar tus servicios, y eso significa que tú debes desarrollar habilidades para que ese contacto se haga en un entorno amable y amigable. Si logras que ese contacto te hable mediante alguna aplicación de chat, es punto extra. Eso sí, nunca pierdas la paciencia y recuerda que las sonrisas son gratis de dar pero terminan pagándote jugosas recompensas en el momento menos pensado.
  2. Da un excelente servicio:  sobra decir que si logras cerrar trato, te esmeres para que la experiencia trabajando con la persona que te contrata sea satisfactoria en todos los sentidos, desde el momento en que ambos se saludan hasta el momento en que se despiden, y que eso inicie una relación de largo plazo. No presiones a que la gente te contrate o te siga contratando, deja que las cosas fluyan naturalmente; un usuario que siente tener el control de la situación suele convertirse en un usuario satisfecho, y eso significa que puede recomendarte a su lista de contactos, lo que será mucha mejor publicidad que la mejor foto, el mejor video o el texto mejor escrito.
  3. No dejes que te echen de menos: ¿Recuerdas lo de no dejarte apagar el reflector que te recomendamos al inicio? El hecho que hayas enganchado con alguien no significa que puedes cantar victoria; al contrario, significa que debes cultivar una relación en la que cada cierto tiempo te hagas notar. ¿Cómo? Busca fechas especiales (cumpleaños, festividades) para enviar un saludo y recordar que siempre estás disponible. O a veces, entablar una buena conversación preguntando por el ánimo de ese usuario suele venir bien, especialmente en esos momentos en que parece que el estrés está a punto de devorarnos. Y nunca presiones, deja que todo fluya con naturalidad.

 

Agradecemos a Martín por la confianza y esperamos que estos consejos le sirvan tanto a él como a ti. Si quieres contactarlo, visita su perfil de Facebook y WhatsApp.

 

Si quieres compartirnos tu historia o aprender más cosas sobre este tema, contáctanos por Twitter, WhatsApp o escríbenos a chulucanasgym@gmail.com

  

miércoles, 10 de julio de 2019

¿Un culto basado en el fisicoculturismo?

ACONSEJAMOS DISCRECIÓN DEL VISITANTE


La historia probablemente no es nueva, pero en este caso quienes la cuentan sí procuraron graficarla, como aparece en esta entrada. Se trata del joven campesino, quien no encuentra oportunidades para desarrollarse en su entorno y decide migrar a la gran ciudad; pero, en lugar de hallar progreso, halla muchos obstáculos y múltiples tentaciones que lo ponen al borde del riesgo social, principalmente la delincuencia y la drogadicción.


Entonces, una mano solidaria lo descubre en un empleo eventual, donde solo tiene lo necesario para sobrevivir, y se da cuenta que tiene potencial para hacer carrera en elfisicoculturismo. Le abre las puertas de un gimnasio, el joven se maravilla ante el nuevo mundo que se le revela y toma la oportunidad; comienza a entrenar, crece físicamente, cambia su mentalidad del conformismo a la competitividad, se anima a concursar y eventualmente obtiene pequeños-pero-significativos triunfos.


Es evidente el contraste entre una vida sin metas y lo que parece ser el inicio de una carrera que promete logros, y podría ser la historia de tu propia vida. Pero, el elemento que probablemente nadie pensaría es que, en lugar de que la historia fuera impulsada a alguna revista o algún sitio web especializado en fisicoculturismo, tendría un uso mas bien religioso. Sí, el desarrollo muscular del fisicoculturista llega a ser utilizado para afianzar un culto muy pequeño en cuanto a seguidores, pero que usa una simbología ancestral.


Sucede en Jamaica, donde la Iglesia de Cristo Kyrios, que plantea una gran influencia de la cultura africana en las tres grandes religiones de la humanidad, pero que se volvió invisible por aparentes factores raciales, ha usado el poder del fisicoculturismo para hacer popular el culto a uno de sus orishas, una especie de semidioses, llamado Olorun. La Iglesia, que fundamenta su teología en los cultos yourubas, también plantea la reivindicación de la población afrodescendiente en la historia universal, y cada año monta una ceremonia en la que recrea el mito de ese orisha.


Según sus feligreses, Olorun fue hecho esclavo durante el tráfico colonial iniciado el siglo XVI (del que han nacido hermosas obras de la literatura en las Américas). Una vez viviendo en las barracas de una hacienda ubicada en el actual pueblo de Chalacalá, cerca de la ciudad de Sullana, Perú, el orisha tuvo un temperamento rebelde, por lo que el hacendado solía castigarlo dejándolo desnudo y poniéndole un grillete con cadenas para humillarlo. Pero Olorun, invocando fuerzas divinas, tomaba el grueso pedazo de fierro con sus manos y lo rompía a sola voluntad.


Una táctica muy antigua
Independientemente de que el evento fuese históricamente cierto o no, es representado durante esta ceremonia en Jamaica, con el propósito evidente de que la feligresía no lo olvide, y de ese modo reafirmar los valores del culto. Y, según la Iglesia, cada año se busca a un modelo, usualmente jamaicano o colombiano, para que encarne el rol de Olorun, algo que, según los líderes de la organización, es aceptado como un alto honor por el actor elegido.


La idea de tomar un ser humano real para recordar o invocar una referencia abstracta o una creencia es un recurso tan antiguo como el arte y la cultura de la humanidad. En la Grecia Clásica, solían usarse a los ganadores de las Olimpíadas como modelos para las esculturas de los dioses (o las diosas porque también habían concursos para mujeres), y uno de los principios filosóficos en los gimnasios antiguos afirmaba que la perfección de la figura humana era la forma más cercana de parecerse a un dios o una diosa.


Y esa relación de arte, salud y religión se ha mantenido en el tiempo, quizás oculta hasta el Renacimiento (siglo XV), pero presente hasta nuestros días. Si no, mira detenidamente a tu alrededor cuando vayas al gimnasio y saca tus propias conclusiones.


¿Bueno o malo?
Por lo mismo, siempre que el fisicoculturista sea consciente que es él quien está entrenando, podría ser una interesante estrategia para desarrollar constancia, uno de los valores que más trabajo cuesta cultivar. Pero si el fisicoculturista no es capaz de quitarse el personaje de dios o semidiós, o celebridad, o persona famosa, o referente popular, sí será necesaria ayuda profesional conconsejería de pares.


En este sentido, la labor del entrenador es crucial. No debe reducirse a cuidar que el atleta haga correctamente el movimiento o complete las repeticiones y series requeridas; también debe tomarse el tiempo para explorar la psicología de su alumno con tal de darle el apoyo correcto, y saberlo motivar para que siga superándose. Quizás no necesariamente hay que decirle que tiene que verse como un dios, pero sí es importante retroalimentar las metas que se propusieron desde el inicio del entrenamiento. Y quizás, ésta es una de las palabras clave: metas.


Por lo demás, el uso de la religión para fomentar un estilo de vida saludable, siempre que se haga de modo consciente y no se caiga en el fanatismo, podría resultar muy positivo. Muchas religiones ancestrales tienen prácticas muy específicas sobre alimentación, por ejemplo, que se han incorporado como esquemas dietéticos aceptados por organismos internacionales, pero subrayando el fomento de la variedad y el balance.


Y en cuanto a la relación del arte con el fisicoculturismo, nos parece una excelente combinación siempre que el fisicoculturista vea su faceta de artista como una dimensión liberadora en todo el sentido de la palabra, y no como una obsesión muchas veces mal orientada por ciertos productores o manejadores de carrera, quienes podrían estar pensando las cosas más con criterio de audiencia o ingresos monetarios. Al igual que con la comida, todo en su perfecto equilibrio siempre será positivo.


Shive Roy aparece como modelo en esta entrada. Las fotografías han sido proporcionadas por Dwight Foster.


¿Tienes una historia similar que compartir? Escríbenosla a chulucanasgym@gmail.com o a nuestra cuenta de Twitter, o utiliza la casilla de comentarios bajo estas líneas.

martes, 18 de junio de 2019

Cómo ser de ayuda cuando alguien tiene un problema




La presión pública que existe sobre un fisicoculturista o un atleta en general puede ser tan alta como esta persona haya construído una marca, y esa marca sea sinónimo de logros, de conocimiento o de popularidad; pero, el problema llega cuando el personaje sobre el que se aplica presión no siempre va en consonancia con la persona que lo encarna, y cuando eso sucede, la reacción puede ser autodestructtiva.


Cuando eso llega a pasar, la reacción del público suele ser mixta según el grado de simpatía o antipatía hacia el personaje, el que muchas veces tiene que nacer, crecer y mantenerse en una forma vertiginosa, respondiendo más a los mandatos del mercado que a los propios procesos de construcción personal. Y la justificación de muchos deportistas es que, ante todo, tienen que responder ante un auspiciador, si lo tienen, o adaptarse a las condiciones que le impone un potencial auspiciador, si lo encuentran. Y si la persona no se ha preparado mentalmente para entender estas exigencias y saber hasta qué punto puede poner un límite, la frustración, la tristeza, la ansiedad pueden manifestarse por alguna parte hasta explotar en diferentes grados.


Muchas carreras deportivas se han visto frustradas cuando ese punto de no-retorno se ha manifestado súbitamente o se ha hecho público, y si la tendencia autodestructiva ya estaba manifiesta en la cresta de la ola, puede que se acentúe una vez que ésta rompa, y el círculo vicioso termina hundiendo más y más a quien esté dentro de él.


Es por eso que la asistencia psicológica es clave en el trabajo y la vida de cualquier deportista; sin embargo, muchos programas de patrocinio no lo incluyen y muchos instructores o personas reconocidas como mentores no tienen todas las herramientas para servir como un soporte’ emocional porque piensan que no es parte del trabajo, porque creen que eso se corrige solo o porque también están en esa tendencia autodestructiva. Y lo que es peor, los propios fisicoculturistas o atletas prescinden de este tipo de servicio alegando que no están ni locos ni dementes.


Entonces, aquí la clave es romper ese círculo vicioso, y el trabajo no es solo del fisicoculturista o atleta; también tiene que ver su entorno, en particular otros fisicoculturistas oatletas que tengan cierta claridad para detectar cuándo uno como ellos comienza a hacer corto circuito y podría ir acumulando energía que puede estallar en el momento menos esperado. Como este problema suele ser más común de lo que mucha gente piensa, aunque no se hable sobre él, vamos a delinear aquí un protocolo que puede funcionarte.


Si alguien te lanza soga es porque alguien necesita ayuda
Una regla básica consiste en diferenciar entre la persona que necesita ayuda y la persona que busca ayuda. La primera muestra signos evidentes de que sus cosas no están marchando bien pero prefiere guardárselas para sí misma o prefiere ignorarlas; la segunda sabe que algo anda mal, como un barco a la deriva, y siempre estará viendo en la orilla a dónde lanzar soga para que alguien le ayude a recuperar el rumbo. Concéntrate en este segundo tipo de personas porque son las que realmente querrán salir del hoyo.


Entonces, si ves que alguien parece estar en problemas, mantente a la expectativa y procura que lo tenga claro. Un cordial “siempre cuentas conmigo” dicho en privado será más que suficiente para que la persona en problemas esté sobreaviso de que, cuando decida dar el paso, realmente tendrá con quién contar. Por supuesto, haz que no sean palabras vacías o diplomáticas, sino que se trate de una promesa real.


Ahora bien, ¿qué hacer si la persona necesita ayuda y no la busca? A menos que te creas con la capacidad suficiente para asumir todo un proceso de consejería y acompañamiento, lo mejor es esperar a que cambie de actitud. Aún así, si crees que debes lanzarle un “siempre cuentas conmigo”, hazlo, pero no te frustres si después del “gracias” no pasa nada.


Si tú eres quien está en problemas, busca a alguien que va a decirte las cosas claras para salir de ellos, no quien va a decirte lo que quieres escuchar y engañarte de que no pasa nada.


Detecta las frases, anticípate a los temas centrales
Muy poca gente suele pedir ayuda bajo la fórmula de “Me pasa esto, necesito un consejo”. Por lo general, la persona suele proyectar el problema y usa una fórmula del tipo “Qué harías tú si te sucediera esto o aquello?”. Claro que si la persona usa la primera fórmula quiere decir que su decisión de afrontar y resolver su problema es firme… aunque esto es muy relativo.


Sea cual fuere la forma, lo primero que debes hacer antes de responder es verificar si el espacio es el correcto y el tiempo es suficiente (ver el siguiente paso). Si la respuesta es afirmativa, trata de contestar de manera sincera y sintética: recuerda que, por el momento, quien tiene el problema es la otra persona. Aunque eso no resta que tú también puedas estar pasando por lo mismo o por otra situación diferente, sí sería correcto que aprendas a respetar cada caso individual.


Si el espacio y el tiempo no son los adecuados, actúa con sensibilidad. Un “Es una pregunta muy interesante y me gustaría responderla; pero, ¿te parece si lo conversamos más calmados?” puede funcionar, quizás subrayado con un gesto que signifique “aquí no es bueno hablar”, una palmada cálida en el hombro y una sonrisa. Sí, todo eso es un poderoso calmante.


Otra cosa que debes considerar es irte anticipando a lo que va a contarte esa persona. Ponte en todos los escenarios, imagina las frases que puede soltar, y prepara respuestas (mira más abajo en estos consejos). No hay peor retroalimentación para esa persona que poner tu mejor cara de sorpresa, desolación o terror. Simplemente contribuirás con acentuarle la idea de que no tiene remedio, y eso no es cierto. No de primera mano. Claro que esto funciona mejor si sabes mantener tu mente abierta; si no, lo mejor será que digas un “Entiendo, ¿lo hablamos después?”, y asunto arreglado.


Desconectar con el mundo, reconectar consigo mismo
Una vez que acuerden reunirse para conversar sobre el problema, tienes que considerar dos cosas: primero, tener todo el tiempo posible para que la persona se explaye; segundo, que el lugar donde van a reunirse no tenga distracciones de ningún tipo. Además, con esto de la hegemonía tecnológica, tiene que ser un espacio y un tiempo en que puedan prescindir de ella al máximo.


No es una reunión social, es una conversación privada, así que mientras menos elementos distractores tengan podrán concentrarse más en el asunto. Considera que se trata de una actitud de respeto con esa persona, consigo misma y contigo. Si van a depender de un celular prendido, lo mejor es que lo dejen para otro momento, porque no hay nada más desconcertante que abrir el corazón y de pronto una llamada o un mensaje imposibles de evadir corten toda la hilación.


Sobre el tiempo, obviamente busquen aquél cuando ambos no tengan nada que hacer. Los fines de semana son ideales puesto que siempre se dedican al descanso. Sobre el lugar, como dijimos, algo que evite las distracciones y que en todo caso favorezca la comodidad de la otra persona, no la tuya. Aunque nuestro consejo es buscar un sitio como un espacio rural o una playa, si la otra persona se siente más cómoda bajo techo, respeta su decisión.


La primera vez es para desahogarse
Cuando alguien tiene un problema y nunca antes lo ha conversado con alguien más, pasa que experimenta algo llamado catarsis o liberación del yo interior. Lo peor que puedes hacer es cortar este proceso, así que deja que transcurra sin interrumpir. Permite que esa persona vaya tomando confianza, vaya desahogando lo que siente, vaya construyendo su historia o su argumento con toda libertad hasta que se haya deshecho de todo. Por eso insistíamos en la importancia de cuidar el espacio y el tiempo.


Si detectas que tiene dificultad para hacer esa catarsis pero desea experimentarla, podrías crear algún tipo de dinámicas simple que ayude a este propósito. Si manejas ejercicios de meditación, éstos suelen ser muy beneficiosos. Si no manejas ambas técnicas, puedes escribirnos a chulucanasgym@gmail.com para darte ideas.


Sobre tu lenguaje corporal, lo que recomiendan los psicólogos es que se ubiquen cómodamente tan cerca como la confianza se los permita, ya sea frente a frente, o uno al lado del otro. Lo importante es que exista un entorno de intimidad que favorezca desahogarse. Solo si su grado de confianza es alto (especialmente si son amigos personales), una mano en el hombro o un brazo  sobre los hombros con un rostro sereno son increíbles, así que no dejes de experimentar el contacto físico. Pero, si la persona lo rechaza, no insistas.


Escucha sin juzgar
Dijimos anteriormente que una de las cosas que debes hacer cuando alguien te pide ayuda es anticiparte para saber cómo reaccionar. No se trata de armarte con prejuicios; se trata de hacerte más fuerte para poder proporcionar la ayuda que se requiere. Por lo mismo, cuando esa persona comience a desahogarse, y mientras lo haga, no la interrumpas para decirle si fue bueno o malo lo que hizo o dijo, solo deja que haga su proceso. Una vez que haya finalizado, puedes emitir algún juicio de valor cuidando ser muy sensible y firme al mismo tiempo.


Dijimos anteriormente que debes tener una mente muy abierta para enfrentarte a lo que tengan que contarte, y en este aspecto considera que cualquier tema controvertido puede aparecer en la conversación. En nuestra experiencia, los escenarios probables que constituyen cargas emotivas muy fuertes para cualquier persona son: su situación familiar o económica, el consumo de sustancias prohibidas o adictivas, alguna condición crónica de salud, acoso o violencia, algún problema legal, una orientación sexual reprimida o una decisión laboral poco convencional o extradeportiva.


Sería complicado aquí decirte cómo reaccionar ante cada escenario porque los problemas varían de persona a persona; sin embargo, insistimos en que tu serenidad, tu firmeza, tu afecto y tu sentido común (especialmente) van a ser de muchísima ayuda.


Aconseja con sinceridad y aprende a poner límites
Una de las cosas que más se va a valorar cuando te toque dar tu punto de vista es decir lo que piensas con honestidad, no lo que la otra persona esperaría escuchar, si no, ¿por qué te buscó a ti? Sin embargo, aunque la persona tenga toda la intención de solucionar el problema, es probable que oponga resistencia al inicio. Si eso pasa, no te esfuerces en hacerle cambiar de opinión porque será peor; solo da tu punto de vista y deja que, tras la charla, lo reflexione consigo misma y tome el curso de acción más adecuado.


Una vez que ambos no tengan más que conversar, cierren el momento de manera natural, amistosa, alegre, que se sienta como algo liberador todo el rato que se invirtió, no que se añada más cargas ni para ti ni para esa persona, porque de eso no se trata.


Si ambos creen que una sesión no bastará, pónganse a disposición para hablar y escuchar según sea el caso; pero, eso sí, adviértele cuáles son tus tiempos disponibles para que también exista sentido de respeto desde su propio proceso. Recuérdale que te dará gusto escucharle, agradécele por la confianza que te depositó, y desafíale a que vaya tomando pasos para resolver lo que le agobia. Esto tiene que estar claro de todas maneras. Lo mismo con los espacios personales: ¡no pueden invadirse cuando a alguno le dé la gana!


Por nada del mundo dejes que tu participación se convierta en dependencia de ningún tipo. Eso sí sería perjudicial. Una cosa es la humanidad y el sentido de solidaridad, pero otra cosa es aprovechar la oportunidad para subyugarse en cuerpo y alma. No permitas eso, y cuando sientas que está sucediendo, páralo y toma la mejor decisión para ambos, incluso tomar distancia.


Tu ayuda no reemplaza la ayuda profesional
Como dijimos al inicio, muchos fisicoculturistas y atletas prescinden de una atención profesional por parte de un psicólogo o un psiquiatra, si fuera el caso, pero también son conscientes que en varios momentos de su vida requieren tener su mente saludable (tanto o más que su cuerpo). Es allí cuando tu ayuda como un soporte emocional funciona favorablemente; sin embargo, una cosa que debes tener muy clara es que tú no reemplazas el trabajo de un psicólogo o un psiquiatra, a menos que lo seas, lo que significa una doble ventaja para quien te pide ayuda. Pero, si no eres ninguno de esos profesionales, tu trabajo consiste en complementar y apoyar las terapias o los tratamientos siempre que se indiquen.


En ese sentido, tu responsabilidad como soporte emocional es incluir dentro de tu paquete de consejos el que la persona que te pida ayuda consulte a uno de estos profesionales de la salud. Incluso podrías acompañarlo el día de la consulta.


Ahora bien, no todos los casos tienen que terminar ante un psicólogo o un psiquiatra, sino aquéllos donde tus recursos como soporte y los recursos de esa persona para sanarse a sí misma estén limitados, cuando sinceramente vean que hay una barrera que el simple consejo no va a superar. Ahí es cuando uno tiene que ser valiente y aceptar la ayuda profesional.


Si en tu comunidad no hay un psicólogo deportivo, averigua qué psicólogos clínicos hay, así como los médicos psiquiatras existentes. Vale la pena tener a mano sus números de teléfono y preguntar por referencias a personas serias para que las consultas sean realmente sanadoras, porque –hay que decirlo- muchos profesionales de la salud mental suelen tenerla más deteriorada que una persona promedio.


Edúcate al respecto, acumula sabiduría
¿Recuerdas cuando hablábamos de anticiparte a la conversación? Es probable que esta etapa la hagas sobre la información que ya conoces; pero, ¿cuán acertada es esa información? Si eres de quienes adora leer de todo y tener una cultura general por encima del promedio, puede que te dé más amplitud de criterio para comprender lo que la persona que pide ayuda va a decirte. Eso suma puntos.


Sin embargo, por más que te anticipes, habrán temas que estarán fuera de tu alcance. No es tu culpa porque no podemos saberlo ni intuirlo todo. Cuando eso suceda, ayuda dentro de tus posibilidades, pero comprométete a investigar y aprender sobre el tema en fuentes confiables que puedes encontrar ahora incluso en la Internet. Si consigues que ese proceso de investigación y educación lo hagas con la persona que te pide ayuda, mucho mejor. Es probable que ambos descubran que la solución era mucho más sencilla de encontrar.


De todos modos, date un tiempo y un espacio para continuar aprendiendo sobre el tema que involucra a la persona que te pide ayuda. Si es posible, consulta especialistas serios, intenta educar a tu entorno, especialmente en el lugar de entrenamiento. Tú sabes muy bien que es uno de los lugares donde los prejuicios son abundantes, y muchas veces mata más la ignorancia que el propio problema. Hasta puede salvar tu propia vida.


Recuerda que ayudarás a resolver un problema, no que vas a resolver el problema por la otra persona
Como dijimos anteriormente, un error fatal cuando se da soporte emocional es dejar que la persona que te pide ayuda te deje todo el problema encima para que tú se lo resuelvas, o generar lazos de dependencia mediante los que esa persona no va a mover un dedo a menos que tú se lo indiques. Ambos escenarios no son adecuados ni saludables, así que debes evitarlos desde el inicio del proceso.


Un “Mira, yo voy a ayudarte en lo que pueda, pero quien va a resolver el problema eres tú” dicho con amabilidad y firmeza desde el primer momento es un buen inicio. Nunca dejes de incluir esta advertencia. Del mismo modo, cuando sientas que esa persona te lanza un “hazlo por mí” o fórmulas similares, tú responde con la misma actitud algo como “eso no fue lo que acordamos” o “Es como si quisieras ser Mr. Universo pero yo entreno por ti”.


Siempre hazle hincapié a la persona que aunque tú puedas darle pautas o ideas para encontrar una solución al problema, es esa persona quien tiene la responsabilidad exclusiva de resolverlo. No cedas al chantaje emocional de “si fueras mi amigo” o “pero tú me dijiste”, Recuérdale y recuerda que cada individuo tiene libertad para tomar sus decisiones, así que el éxito o el fracaso está en sus manos, no en tus manos ni en las manos de nadie.


Lo que te diga muere contigo
Uno de los requisitos de cualquier soporte emocional es la confidencialidad. Todo lo que se converse, la forma cómo se reaccione, el contenido de la conversación es algo que debe quedar únicamente entre ustedes. Nadie más tiene derecho a saberlo, y en todo caso, es la persona que pide ayuda quien tiene que decidir con quién y cómo comparte lo que le está pasando.


Incluso si el contacto se hace mediante las redes sociales (que es una posibilidad válida), nunca se te ocurra utilizar los espacios virtuales públicos para establecer contacto o aconsejar. En todo caso, utiliza el chat, que ofrece cierta privacidad. Aunque en la medida de lo posible, lo mejor es el contacto presencial.


Si tienes que felicitar a la persona por haber avanzado en su proceso o haberlo concluído, procura que sea en privado. Si la persona, a pesar de tus precauciones, desea que su problema se haga público, es su derecho. Decide si también quieres salir a la luz como la persona que ayuda, pero hazlo siempre que la persona te lo pida. Jamás tomes la iniciativa de destacar por tu cuenta porque destruirás todo el proceso de sanación y se verá como una acción muy desagradable.


Como siempre, cualquier duda que tengas, nos puedes escribir a chulucanasgym@gmail.com o seguirnos en nuestra cuenta de Twitter.


Nuestro equipo fundador de ChulucanasGym aparece en este artículo.