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martes, 27 de marzo de 2018

Rumbo a la tarima

Cinco lecciones que no debes olvidar cuando te propones competir.



Por ChulucanasGym

La estampa de las celebridades de lucha libre inspiró a Henry Hernández a matriculars en un gimnasio. "Si ellos pueden, tal vez yo pueda". entonces tenía 18 años; hoy tiene 29.

La primera vez que concursó fue en 2013, en Chulucanas, Piura, su ciudad natal y donde reside actualmente, tras ver varias revistas y películas sobre Arnold Schwarzenegger: "Me llamó la atención lo estético sobre el cuerpo". Y en el caso de Arnold, piensa que su mejor parte es el pecho, sin duda.

Lección 1: Supera la vergüenza y el temor
Una de las cosas con las que tuvo que lidiar fue con la mala onda de la gente, pero pronto aprendió a restarle importancia: "Todo lo que escuchaba me entraba por una orejha y me salía por la otra; solo le escuchaba a mi cuerpo, y solo seguí hacia adelante".

Otra cosa con la que tuvo que lidiar fue pararse semidesnudo en público y en una tarima; pero al ver que el resto de concursantes lo hacía, se le pasó. "Soy muy nervioso, así que veía a los otros concursantes cómo se desemvolvían sin tanta complicación y trataba de controlar ese miedo, para poder seguir los protocolos", confiesa.



[TAMBIÉN LEE: Nuestros 11 consejos si estás buscando un auspicio.]

¿Algo peor que éso? sí. Que se te olvide la coreografía y las poses que tenías programadas hacer. "Solo tenía que concentrarme viendo al jurado, o cerraba los ojos, evitaba ver al público, y me enfocaba en que mi técnica estuviera bien ejecutada".

Henry dice que, con el paso del tiempo, ha ido trabajando en ese tema, así que espera que en las siguientes ocasiones que le toque concursar haya superado el temor, que, por otro lado, es natural. Incluso artistas experimentados dicen sentirlo cada vez que se paran en un escenario, y hasta es un indicador de que están haciendo las cosas correctamente.

El trabajo mental de un concursante es tan fuerte como la preparación física, ya que no solo debe lidiar con estas situaciones, que suelen ser muy comunes entre quienes participan. También deben trabajar mucho en su actitud, de tal manera que se refleje en la fluidez de sus movimientos en el escenario, y tener siempre presente que, aunque se trate de una competencia, hay que disfrutar al máximo el momento. Estar arriba ya es un gran triunfo.

[TAMBIÉN LEE: La estrategia de René Baró para conseguir verdaderas victorias.]




Lección 2: Internet no siempre tiene la razón
La primera vez que decidió concursar en un Mister Piura, un concurso de alcance departamental, fue en 2014, y se puso a buscar información en Google para diseñar su estrategia de entrenamiento, pero no logró los resultados que esperaba. Entonces entendió algo: lo que aparece en los motores de búsqueda no siempre es cierto; por ejemplo, que los últimos días había que eliminar el sodio, y terminó reteniendo líquidos.

"Unos decían una cosa, otros decían otra cosa", recuerda Henry. "La verdad es que no puedo estar arriesgando mi salud".

No es que la Internet mienta, aunque en principio debería decir la verdad. Lo que tienes que hacer es recoger cuanta información relevante te ssea posible, compararla y verificarla con fuentes conocidas y certificadas. A veces es mejor demorarse varios días hasta tener la información completa, que emocionarse por la que aparece en los primeros diez segundos de averiguación.

"Ahora sigo a las personas que hayan concursado y las fuentes que sean apropiadas", afirma Henry.

En el caso de ChulucanasGym, tenemos un protocolo que puede servirte: una vez que recolectamos todos nuestros datos, los consultamos con fuentes científicas para determinar cuáles son verdad, cuáles son mito y cuáles hay que manejar con cuidado; descartamos los dos últimos y solo nos quedamos y difundimos lo que sea una verdad científica e independiente de preferencia, ya que mucha viene comercialmente contaminada.



Lección 3: No solo de pesas vive el cuerpo
A nivel físico, el entrenamiento y la preparación son dos aspectos claves a cuidar.

"Tengo que manejar una dieta que se adapte a mí porque no todos los cuerpos son iguales", cuenta Henry. Lo que sí es común a todos los cuerpos es que las dietas deben balancear proteínas, grasas, vitaminas y carbohidratos en las cantidades justas.

Si tienes acceso a un o una nutricionista, te podrá ayudar a crear un régimen hecho según tus necesidades.

Henry también come cinco a seis veces al día"para que el cuerpo esté metabólicamente activo, [además] mucha fruta, mucha agua".

La última semana previa a una competición se baja la ingestión de carbohidratos aunque se aumenta su frecuencia  de consumo, cada dos horas en el caso de Henry. Asimismo se reduce el consumo de agua y potasio al punto que el último día casi no se toma líquido.

"Tienes que verte rocoso", apunta Henry.

[TAMBIÉN LEE: La importancia de una alimentación saludable.]

El otro aspecto es cumplir rigurosamente con tu rutina de entrenamiento. Las primeras semanas, la idea es ir construyendo músculo y estabilizando su volumen conforme crece. Usualmente se trata de ejercicios con mucho peso y repeticiones cortas.

Las semanas previas a una competición, el esquema cambia. "Hago ejercicios de hipertrofia con poco peso y bastantes repeticiones o ejercicios de bombeo  para mantener, para que se vea más definido", explica Henry. En las últimas semanas ya no se hacen ejercicios con mucho peso, porque no vas a ganar masa muscular.

Recuerda que dos herramientas que debes tener a mano son siempre una cinta métrica para controlar progresos de forma objetiva, sobre medidas corporales, y una báscula que no mienta, para controlar tu peso y estar seguro de pertenecer a la categoría dentro de la que planeas concursar.

[TAMBIÉN LEE: Los 5 consejos de Henry para un calentamiento correcto.]



Lección 4: Ten todo listo
usualmente el día de la competición se divide en dos partes: el control de peso y la presentación propiamente dicha. Asegúrate de que tienes a mano todo lo que necesitas para cada una de esas fases.

Si alguien puede ayudarte para que no estés cargando con todo a todas partes, y de paso que te ayude a quitarte un motivo de tensión, será lo mejor.

Si eres de quienes suele olvidar las cosas a última hora, haz una lista por escrito en una libreta o tu celular, y apunta todo lo que necesites, de tal forma que cuando tengas que llevártelo consigo, lo verifiques. Por supuesto, que no se te olvide dónde dejaste esa libreta o tu celular. Si sabes organizarte, todo será más sencillo.



Lección 5: No te rindas
Con toda esta preparación, Henry no obtuvo puesto alguno al último concurso que se presentó. ¿Qué salió mal? Según él, cree que su preparación fue la adecuada pero no le quedó claro cuál fue el criterio del jurado a la hora de calificar.

Muchos concursante suelen reaccionar con enfado cuando los resultados no le son favorables. Es natural. Pero también recuerda que puede haber muchos factores personales y externos que no generan una victoria.

Supera el enfado, pasa la página, sigue preparándote a conciencia. Lo peor que puede hacer un deportista es rendirse. No está hecho para éso. No es parte de su ADN. Entonces, continúa superándote, ponte nuevas metas, vuelve a concursar.

Recuerda que no siempre se consigue triunfar al primer intento, pero tampoco esperes conseguir algo si no lo intentas. Pueden derrotarte en la tarima, pero donde nunca deben derrotarte es en tu actitud.

[TAMBIÉN LEE: Los 7 consejos de Pedro Bautista para triufar en la vida y los deportes.]

domingo, 21 de marzo de 2021

El peso justo

La abuela tenía razón en todo, menos en este detalle.

 


No es cosa de juego. La obesidad ha comenzado a pasar facturas muy altas a nuestras comunidades. Sólo en el departamento de Piura, las estadísticas médicas establecen que es la primera causa de males cardíacos (infartos, arterioesclerosis) y diabetes. De hecho, ocupa el segundo lugar de todo el Perú en incidencia de esta condición, que, tratada a destiempo, puede ser mortal.

 

La dieta y la falta de actividad física son las causas recurrentes, según especialistas. Las comidas usuales siempre están hechas a base de arroz, tubérculos y carnes fritas o hervidas con mucho condimento, y bebidas con demasiado azúcar y colorantes que han reemplazado a los jugos y refrescos naturales.

 


Creciendo a los costados

Por otro lado, el nuevo estilo de vida consiste en pasar largas horas frente al televisor o a la computadora, muchas veces interactuando con otros pares de forma virtual, pero privándose de espacios y momentos de reunión física. Este cuadro no es un supuesto.

 

Los médicos coinciden en que durante la adolescencia, en lugar de crecer hacia arriba, estamos creciendo hacia los costados. Además, apuntan que el problema empeora si se ha tenido una mala o deficiente nutrición durante la niñez, por lo que no se gana suficiente estatura y el cuerpo tiende a acumular grasa en vez de masa.

 

El pronóstico médico más optimista es que, antes de los 40 años, muchas de estas personas ya habrán experimentado su primer infarto, o, al menos, tendrán problemas del sistema circulatorio. Y el problema se presenta tanto en comunidades urbanas como rurales.

 


El plan salvavidas

Sí hay formas de revertir el cuadro, y todo depende de un compromiso personal fuerte con tu salud. Aquí te presentamos algunas ideas que te pueden servir.

  1. Come según tu requerimiento real de energía: No todas las personas tenemos el mismo desgaste, entonces un o una nutricionista (o especialista en nutriología) puede aconsejarnos lo que debemos comer, en qué cantidad, a qué hora, por qué y cómo combinarlo de modo saludable.
  2. Haz ejercicio: La Organización Mundial de la Salud sugiere que, como mínimo, 30 minutos al día en casa, en un parque o en un gimnasio, son ideales para mejorar todas las funciones corporales, incluso la ralentización del envejecimiento celular.
  3. Libera tu mente: Desafíate de forma creativa a desestresarte realizando una actividad que saque a tu cerebro de la rutina, pero que lo enriquezca.
  4. Cero vicios: Si no encuentras un norte (o incluso si lo tienes claro), no recurras al alcohol, el tabaco, las drogas o algo que te genere daños para el resto de tu vida. Si lo crees conveniente, visita a un o una especialista en salud mental para recibir orientación.
  5. Procura despegarte de la tecnología: Sí se puede vivir sin ella. Parece difícil, pero lo que la publicidad no nos dice es que la dependencia continua de los aparatos electrónicos nos genera sedentarismo, y, por ende, problemas con nuestro peso. La otra parte que no nos dice la publicidad es que se desarrolla una suerte de ‘tecnoadicción’.
  6. Apréciate: La clave para ser feliz es quererte por quien eres, no por lo que pareces; pero, eso no significa que te descuides.
  7. Prefiere una consulta médica: Si el cuerpo físico tiene problemas, o no responde como es debido, lo mejor es buscar a un médico o una médica. Las amistades o los familiares –salvo que tengan un diploma en Medicina y sean competentes- pueden dar ideas, pero no una opinión profesional que puede salvar nuestra vida. Sin embargo, siempre busca segundas y terceras recomendaciones para ir al sitio correcto.
  8. Investiga y comparte: En Internet hay de todo, y en especial, información que te abrirá una perspectiva posittiva para cuidar tu salud. Si accedes a estos contenidos, estúdialos, archívalos, discútelos y compártelos con tu gente. Quién sabe, el dato que puede mejorar la vida de alguien podría venir de ti.

 

El modelo presentado en esta entrada es André Verona y las fotografías son © Marco Mejía.

lunes, 19 de septiembre de 2016

La estrategia de Baró


Cuatro pasos para que el Perú camine a la excelencia deportiva



Hace unas tres décadas, el Comité Olímpico Peruano comenzó a recibir especialistas deportivos de Cuba para incrementar nuestro rendimiento en diversos eventos.
Como parte de esa tradición, hace cinco años que René Baró Suárez, 56, máster por el Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo de la Universidad de La Habana, llegó a nuestro país siendo inicialmente asignado a Tacna, pero hace un año que lo tenemos por Piura.

Uno de sus retos es descubrir y entrenar nuevos talentos del tenis de mesa en La Unión (Bajo Piura), donde ya hay un grupo significativo de niños y niñas en preparación. “La municipalidad me está dando todas las facilidades”, aclara.
Baró está tratando de introducir el modelo cubano que le ha llevado a tener éxito en toda competencia deportiva, o al menos la mayoría de ellas, incluyendo los Olímpicos. “Si tú comparas la cantidad de medallas que tiene Cuba por habitante contra la cantidad de medallas que tiene Estados Unidos por habitante, verás que Cuba tiene muchas más acumuladas”, me explica.

Sin embargo, un primer elemento de resistencia es la idiosincrasia peruana, que todo lo juzga, que parece cumplir aquello de que el peor enemigo de un peruano es otro peruano, y una gran ‘habilidad’ para movernos en la informalidad. Y todo eso afecta el desempeño deportivo.
¿Hay solución al problema? El profesor Baró piensa que sí y tiene una estrategia que puede funcionar bajo la condición que la apliquemos de verdad.


1. Construir una pirámide
En el Perú, la política deportiva más extendida continúa siendo promover el fútbol y el voley, ignorando que hay más deportes y disciplinas mejor ajustados a nuestro biotipo (la configuración general de nuestros cuerpos), en la que destaca nuestra baja estatura. Curiosamente, ésta sería nuestra fortaleza si nos enfocamos en resultados exitosos.

“Piura puede ser un buen lugar para promover los deportes de lucha, como el judo, el karate, o la lucha grecorromana”, sugiere Baró. “También la gimnasia, el atletismo o el tenis de mesa”.
La detección del talento debe basarse en pruebas estandarizadas mundialmente, que hagan de lado los cabildeos, la clase social o la red de amistades.

“Entonces, una vez que los detectes, ingresarlos a un Centro de Alto Rendimiento Provincial, donde se les interne para recibir instrucción académica y entrenamiento deportivo controlado”, explica. “Tiene que haber uno en cada provincia del Perú”.

Los mejores talentos a nivel provincial pueden ser promovidos a un Centro de Alto Rendimiento Regional (o Departamental), y quienes destaquen a ese nivel, llegar a un Centro de Alto Rendimiento Nacional.
“Ahí tienes los tres niveles de la pirámide, y si los aplicas, verás que el deporte en el Perú mejora un montón”, asegura Baró.


2. El arte del deporte se basa en su ciencia.
LA tesis que René Baró escribió para graduarse en Cuba inicia explicando la realidad bíopsicosocial del deporte, esto es, que obedece a procesos anatómicos y fisiológicos, que involucra mucho el estado mental de quien lo practica y que es un elemento integrador a nuestra comunidad.

¿Cuántos y cuántas docentes de educación física o instructores e instructoras lo saben?”En Piura hay mucho empirismo”, observa Baró. “es necesario dar seminarios a la gente y hacerle entender que el deporte obedece a un sistema y una metodología”, señala.

“Los dos problemas más fuertes acá son la poca motricidad y lateralidad”, manifiesta el especialista, y esto se refleja en que no sabemos lograr las posturas correctas para practicar cada deporte y… confundimos frecuentemente izquierda y derecha.

“Por eso es importante la educación en cultura física desde que son chiquitos, no para que agarren peso, sino para que se familiaricen con los movimientos y su espacio”, comenta.
El otro aspecto que no se debe perder de vista es la edad mínima y máxima ideales para iniciarse en cualquier deporte o disciplina.




3. Los y las mejores deportistas tienen un alto nivel de instrucción.
Para René Baró, buen deportista es antónimo de cabeza hueca: “Es una persona que debe manejar toda la información relacionada con lo que practica para que su desempeño sea bueno y sea el mejor”.
El especialista recuerda que en Cuba los niveles de instrucción académica –como lo demuestran estudios de organismos internacionales- son altos no solo enfocándose en las matemáticas y el lenguaje, sino en todas las ciencias y las artes, de tal forma que la persona tenga amplia cultura y un criterio más acertado. Y si practica deporte, esto se refleja de inmediato como resultados excelentes: alta competitividad.

“Los dos componentes básicos de cada deportista son la instrucción y la comunicación: sabe cómo actuar, sabe cómo expresarse”, subraya.
Incluso, Baró sugiere que la televisión pública se convierta en una telescuela que combine criterios escolarizados y no escolarizados que le permitan a cada persona obtener mejores calificaciones en sus procesos de graduación.

Por lo tanto, si se sigue explotando la violencia, seguiremos teniendo un país violento.
También recomienda preferir la Internet como fuente de investigación antes que de entretenimiento; de lo contrario, seguiremos teniendo una sociedad que solo consume pero que no evoluciona.



4. Cero actitud negativa.
Cuenta la fábula que en un balde se pusieron cangrejos peruanos y en otro cangrejos japoneses. Se les pidió buscar un líder. Los cangrejos peruanos pugnaban por salir al frente del resto, pero los de abajo los halaban de las patas, y al final toda la multitud terminaba dando vueltas dentro del balde. En el caso de los japoneses, uno salió al frente, y el resto comenzó a seguirlo en fila.

La falta de disciplina, coraje y autoestima son, desde la óptica de Baró, los factores que impiden  al deporte peruano ser una potencia mundial a pesar de tener mucho talento.
“Los peruanos ven a un rival más fuerte y de inmediato tienen una visión negativa de sí mismos, cuando un deportista debe salir a luchar”, critica Baró.
Y cuando la visión negativa no es autosugerida, siempre habrá otro u otra compatriota que se encargue de recordarlo. Y de desánimo en desánimo, no se llega a ninguna parte, como los cangrejos del balde.

Post-producido por Sheyla Benavente

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martes, 18 de junio de 2019

Cómo ser de ayuda cuando alguien tiene un problema




La presión pública que existe sobre un fisicoculturista o un atleta en general puede ser tan alta como esta persona haya construído una marca, y esa marca sea sinónimo de logros, de conocimiento o de popularidad; pero, el problema llega cuando el personaje sobre el que se aplica presión no siempre va en consonancia con la persona que lo encarna, y cuando eso sucede, la reacción puede ser autodestructtiva.


Cuando eso llega a pasar, la reacción del público suele ser mixta según el grado de simpatía o antipatía hacia el personaje, el que muchas veces tiene que nacer, crecer y mantenerse en una forma vertiginosa, respondiendo más a los mandatos del mercado que a los propios procesos de construcción personal. Y la justificación de muchos deportistas es que, ante todo, tienen que responder ante un auspiciador, si lo tienen, o adaptarse a las condiciones que le impone un potencial auspiciador, si lo encuentran. Y si la persona no se ha preparado mentalmente para entender estas exigencias y saber hasta qué punto puede poner un límite, la frustración, la tristeza, la ansiedad pueden manifestarse por alguna parte hasta explotar en diferentes grados.


Muchas carreras deportivas se han visto frustradas cuando ese punto de no-retorno se ha manifestado súbitamente o se ha hecho público, y si la tendencia autodestructiva ya estaba manifiesta en la cresta de la ola, puede que se acentúe una vez que ésta rompa, y el círculo vicioso termina hundiendo más y más a quien esté dentro de él.


Es por eso que la asistencia psicológica es clave en el trabajo y la vida de cualquier deportista; sin embargo, muchos programas de patrocinio no lo incluyen y muchos instructores o personas reconocidas como mentores no tienen todas las herramientas para servir como un soporte’ emocional porque piensan que no es parte del trabajo, porque creen que eso se corrige solo o porque también están en esa tendencia autodestructiva. Y lo que es peor, los propios fisicoculturistas o atletas prescinden de este tipo de servicio alegando que no están ni locos ni dementes.


Entonces, aquí la clave es romper ese círculo vicioso, y el trabajo no es solo del fisicoculturista o atleta; también tiene que ver su entorno, en particular otros fisicoculturistas oatletas que tengan cierta claridad para detectar cuándo uno como ellos comienza a hacer corto circuito y podría ir acumulando energía que puede estallar en el momento menos esperado. Como este problema suele ser más común de lo que mucha gente piensa, aunque no se hable sobre él, vamos a delinear aquí un protocolo que puede funcionarte.


Si alguien te lanza soga es porque alguien necesita ayuda
Una regla básica consiste en diferenciar entre la persona que necesita ayuda y la persona que busca ayuda. La primera muestra signos evidentes de que sus cosas no están marchando bien pero prefiere guardárselas para sí misma o prefiere ignorarlas; la segunda sabe que algo anda mal, como un barco a la deriva, y siempre estará viendo en la orilla a dónde lanzar soga para que alguien le ayude a recuperar el rumbo. Concéntrate en este segundo tipo de personas porque son las que realmente querrán salir del hoyo.


Entonces, si ves que alguien parece estar en problemas, mantente a la expectativa y procura que lo tenga claro. Un cordial “siempre cuentas conmigo” dicho en privado será más que suficiente para que la persona en problemas esté sobreaviso de que, cuando decida dar el paso, realmente tendrá con quién contar. Por supuesto, haz que no sean palabras vacías o diplomáticas, sino que se trate de una promesa real.


Ahora bien, ¿qué hacer si la persona necesita ayuda y no la busca? A menos que te creas con la capacidad suficiente para asumir todo un proceso de consejería y acompañamiento, lo mejor es esperar a que cambie de actitud. Aún así, si crees que debes lanzarle un “siempre cuentas conmigo”, hazlo, pero no te frustres si después del “gracias” no pasa nada.


Si tú eres quien está en problemas, busca a alguien que va a decirte las cosas claras para salir de ellos, no quien va a decirte lo que quieres escuchar y engañarte de que no pasa nada.


Detecta las frases, anticípate a los temas centrales
Muy poca gente suele pedir ayuda bajo la fórmula de “Me pasa esto, necesito un consejo”. Por lo general, la persona suele proyectar el problema y usa una fórmula del tipo “Qué harías tú si te sucediera esto o aquello?”. Claro que si la persona usa la primera fórmula quiere decir que su decisión de afrontar y resolver su problema es firme… aunque esto es muy relativo.


Sea cual fuere la forma, lo primero que debes hacer antes de responder es verificar si el espacio es el correcto y el tiempo es suficiente (ver el siguiente paso). Si la respuesta es afirmativa, trata de contestar de manera sincera y sintética: recuerda que, por el momento, quien tiene el problema es la otra persona. Aunque eso no resta que tú también puedas estar pasando por lo mismo o por otra situación diferente, sí sería correcto que aprendas a respetar cada caso individual.


Si el espacio y el tiempo no son los adecuados, actúa con sensibilidad. Un “Es una pregunta muy interesante y me gustaría responderla; pero, ¿te parece si lo conversamos más calmados?” puede funcionar, quizás subrayado con un gesto que signifique “aquí no es bueno hablar”, una palmada cálida en el hombro y una sonrisa. Sí, todo eso es un poderoso calmante.


Otra cosa que debes considerar es irte anticipando a lo que va a contarte esa persona. Ponte en todos los escenarios, imagina las frases que puede soltar, y prepara respuestas (mira más abajo en estos consejos). No hay peor retroalimentación para esa persona que poner tu mejor cara de sorpresa, desolación o terror. Simplemente contribuirás con acentuarle la idea de que no tiene remedio, y eso no es cierto. No de primera mano. Claro que esto funciona mejor si sabes mantener tu mente abierta; si no, lo mejor será que digas un “Entiendo, ¿lo hablamos después?”, y asunto arreglado.


Desconectar con el mundo, reconectar consigo mismo
Una vez que acuerden reunirse para conversar sobre el problema, tienes que considerar dos cosas: primero, tener todo el tiempo posible para que la persona se explaye; segundo, que el lugar donde van a reunirse no tenga distracciones de ningún tipo. Además, con esto de la hegemonía tecnológica, tiene que ser un espacio y un tiempo en que puedan prescindir de ella al máximo.


No es una reunión social, es una conversación privada, así que mientras menos elementos distractores tengan podrán concentrarse más en el asunto. Considera que se trata de una actitud de respeto con esa persona, consigo misma y contigo. Si van a depender de un celular prendido, lo mejor es que lo dejen para otro momento, porque no hay nada más desconcertante que abrir el corazón y de pronto una llamada o un mensaje imposibles de evadir corten toda la hilación.


Sobre el tiempo, obviamente busquen aquél cuando ambos no tengan nada que hacer. Los fines de semana son ideales puesto que siempre se dedican al descanso. Sobre el lugar, como dijimos, algo que evite las distracciones y que en todo caso favorezca la comodidad de la otra persona, no la tuya. Aunque nuestro consejo es buscar un sitio como un espacio rural o una playa, si la otra persona se siente más cómoda bajo techo, respeta su decisión.


La primera vez es para desahogarse
Cuando alguien tiene un problema y nunca antes lo ha conversado con alguien más, pasa que experimenta algo llamado catarsis o liberación del yo interior. Lo peor que puedes hacer es cortar este proceso, así que deja que transcurra sin interrumpir. Permite que esa persona vaya tomando confianza, vaya desahogando lo que siente, vaya construyendo su historia o su argumento con toda libertad hasta que se haya deshecho de todo. Por eso insistíamos en la importancia de cuidar el espacio y el tiempo.


Si detectas que tiene dificultad para hacer esa catarsis pero desea experimentarla, podrías crear algún tipo de dinámicas simple que ayude a este propósito. Si manejas ejercicios de meditación, éstos suelen ser muy beneficiosos. Si no manejas ambas técnicas, puedes escribirnos a chulucanasgym@gmail.com para darte ideas.


Sobre tu lenguaje corporal, lo que recomiendan los psicólogos es que se ubiquen cómodamente tan cerca como la confianza se los permita, ya sea frente a frente, o uno al lado del otro. Lo importante es que exista un entorno de intimidad que favorezca desahogarse. Solo si su grado de confianza es alto (especialmente si son amigos personales), una mano en el hombro o un brazo  sobre los hombros con un rostro sereno son increíbles, así que no dejes de experimentar el contacto físico. Pero, si la persona lo rechaza, no insistas.


Escucha sin juzgar
Dijimos anteriormente que una de las cosas que debes hacer cuando alguien te pide ayuda es anticiparte para saber cómo reaccionar. No se trata de armarte con prejuicios; se trata de hacerte más fuerte para poder proporcionar la ayuda que se requiere. Por lo mismo, cuando esa persona comience a desahogarse, y mientras lo haga, no la interrumpas para decirle si fue bueno o malo lo que hizo o dijo, solo deja que haga su proceso. Una vez que haya finalizado, puedes emitir algún juicio de valor cuidando ser muy sensible y firme al mismo tiempo.


Dijimos anteriormente que debes tener una mente muy abierta para enfrentarte a lo que tengan que contarte, y en este aspecto considera que cualquier tema controvertido puede aparecer en la conversación. En nuestra experiencia, los escenarios probables que constituyen cargas emotivas muy fuertes para cualquier persona son: su situación familiar o económica, el consumo de sustancias prohibidas o adictivas, alguna condición crónica de salud, acoso o violencia, algún problema legal, una orientación sexual reprimida o una decisión laboral poco convencional o extradeportiva.


Sería complicado aquí decirte cómo reaccionar ante cada escenario porque los problemas varían de persona a persona; sin embargo, insistimos en que tu serenidad, tu firmeza, tu afecto y tu sentido común (especialmente) van a ser de muchísima ayuda.


Aconseja con sinceridad y aprende a poner límites
Una de las cosas que más se va a valorar cuando te toque dar tu punto de vista es decir lo que piensas con honestidad, no lo que la otra persona esperaría escuchar, si no, ¿por qué te buscó a ti? Sin embargo, aunque la persona tenga toda la intención de solucionar el problema, es probable que oponga resistencia al inicio. Si eso pasa, no te esfuerces en hacerle cambiar de opinión porque será peor; solo da tu punto de vista y deja que, tras la charla, lo reflexione consigo misma y tome el curso de acción más adecuado.


Una vez que ambos no tengan más que conversar, cierren el momento de manera natural, amistosa, alegre, que se sienta como algo liberador todo el rato que se invirtió, no que se añada más cargas ni para ti ni para esa persona, porque de eso no se trata.


Si ambos creen que una sesión no bastará, pónganse a disposición para hablar y escuchar según sea el caso; pero, eso sí, adviértele cuáles son tus tiempos disponibles para que también exista sentido de respeto desde su propio proceso. Recuérdale que te dará gusto escucharle, agradécele por la confianza que te depositó, y desafíale a que vaya tomando pasos para resolver lo que le agobia. Esto tiene que estar claro de todas maneras. Lo mismo con los espacios personales: ¡no pueden invadirse cuando a alguno le dé la gana!


Por nada del mundo dejes que tu participación se convierta en dependencia de ningún tipo. Eso sí sería perjudicial. Una cosa es la humanidad y el sentido de solidaridad, pero otra cosa es aprovechar la oportunidad para subyugarse en cuerpo y alma. No permitas eso, y cuando sientas que está sucediendo, páralo y toma la mejor decisión para ambos, incluso tomar distancia.


Tu ayuda no reemplaza la ayuda profesional
Como dijimos al inicio, muchos fisicoculturistas y atletas prescinden de una atención profesional por parte de un psicólogo o un psiquiatra, si fuera el caso, pero también son conscientes que en varios momentos de su vida requieren tener su mente saludable (tanto o más que su cuerpo). Es allí cuando tu ayuda como un soporte emocional funciona favorablemente; sin embargo, una cosa que debes tener muy clara es que tú no reemplazas el trabajo de un psicólogo o un psiquiatra, a menos que lo seas, lo que significa una doble ventaja para quien te pide ayuda. Pero, si no eres ninguno de esos profesionales, tu trabajo consiste en complementar y apoyar las terapias o los tratamientos siempre que se indiquen.


En ese sentido, tu responsabilidad como soporte emocional es incluir dentro de tu paquete de consejos el que la persona que te pida ayuda consulte a uno de estos profesionales de la salud. Incluso podrías acompañarlo el día de la consulta.


Ahora bien, no todos los casos tienen que terminar ante un psicólogo o un psiquiatra, sino aquéllos donde tus recursos como soporte y los recursos de esa persona para sanarse a sí misma estén limitados, cuando sinceramente vean que hay una barrera que el simple consejo no va a superar. Ahí es cuando uno tiene que ser valiente y aceptar la ayuda profesional.


Si en tu comunidad no hay un psicólogo deportivo, averigua qué psicólogos clínicos hay, así como los médicos psiquiatras existentes. Vale la pena tener a mano sus números de teléfono y preguntar por referencias a personas serias para que las consultas sean realmente sanadoras, porque –hay que decirlo- muchos profesionales de la salud mental suelen tenerla más deteriorada que una persona promedio.


Edúcate al respecto, acumula sabiduría
¿Recuerdas cuando hablábamos de anticiparte a la conversación? Es probable que esta etapa la hagas sobre la información que ya conoces; pero, ¿cuán acertada es esa información? Si eres de quienes adora leer de todo y tener una cultura general por encima del promedio, puede que te dé más amplitud de criterio para comprender lo que la persona que pide ayuda va a decirte. Eso suma puntos.


Sin embargo, por más que te anticipes, habrán temas que estarán fuera de tu alcance. No es tu culpa porque no podemos saberlo ni intuirlo todo. Cuando eso suceda, ayuda dentro de tus posibilidades, pero comprométete a investigar y aprender sobre el tema en fuentes confiables que puedes encontrar ahora incluso en la Internet. Si consigues que ese proceso de investigación y educación lo hagas con la persona que te pide ayuda, mucho mejor. Es probable que ambos descubran que la solución era mucho más sencilla de encontrar.


De todos modos, date un tiempo y un espacio para continuar aprendiendo sobre el tema que involucra a la persona que te pide ayuda. Si es posible, consulta especialistas serios, intenta educar a tu entorno, especialmente en el lugar de entrenamiento. Tú sabes muy bien que es uno de los lugares donde los prejuicios son abundantes, y muchas veces mata más la ignorancia que el propio problema. Hasta puede salvar tu propia vida.


Recuerda que ayudarás a resolver un problema, no que vas a resolver el problema por la otra persona
Como dijimos anteriormente, un error fatal cuando se da soporte emocional es dejar que la persona que te pide ayuda te deje todo el problema encima para que tú se lo resuelvas, o generar lazos de dependencia mediante los que esa persona no va a mover un dedo a menos que tú se lo indiques. Ambos escenarios no son adecuados ni saludables, así que debes evitarlos desde el inicio del proceso.


Un “Mira, yo voy a ayudarte en lo que pueda, pero quien va a resolver el problema eres tú” dicho con amabilidad y firmeza desde el primer momento es un buen inicio. Nunca dejes de incluir esta advertencia. Del mismo modo, cuando sientas que esa persona te lanza un “hazlo por mí” o fórmulas similares, tú responde con la misma actitud algo como “eso no fue lo que acordamos” o “Es como si quisieras ser Mr. Universo pero yo entreno por ti”.


Siempre hazle hincapié a la persona que aunque tú puedas darle pautas o ideas para encontrar una solución al problema, es esa persona quien tiene la responsabilidad exclusiva de resolverlo. No cedas al chantaje emocional de “si fueras mi amigo” o “pero tú me dijiste”, Recuérdale y recuerda que cada individuo tiene libertad para tomar sus decisiones, así que el éxito o el fracaso está en sus manos, no en tus manos ni en las manos de nadie.


Lo que te diga muere contigo
Uno de los requisitos de cualquier soporte emocional es la confidencialidad. Todo lo que se converse, la forma cómo se reaccione, el contenido de la conversación es algo que debe quedar únicamente entre ustedes. Nadie más tiene derecho a saberlo, y en todo caso, es la persona que pide ayuda quien tiene que decidir con quién y cómo comparte lo que le está pasando.


Incluso si el contacto se hace mediante las redes sociales (que es una posibilidad válida), nunca se te ocurra utilizar los espacios virtuales públicos para establecer contacto o aconsejar. En todo caso, utiliza el chat, que ofrece cierta privacidad. Aunque en la medida de lo posible, lo mejor es el contacto presencial.


Si tienes que felicitar a la persona por haber avanzado en su proceso o haberlo concluído, procura que sea en privado. Si la persona, a pesar de tus precauciones, desea que su problema se haga público, es su derecho. Decide si también quieres salir a la luz como la persona que ayuda, pero hazlo siempre que la persona te lo pida. Jamás tomes la iniciativa de destacar por tu cuenta porque destruirás todo el proceso de sanación y se verá como una acción muy desagradable.


Como siempre, cualquier duda que tengas, nos puedes escribir a chulucanasgym@gmail.com o seguirnos en nuestra cuenta de Twitter.


Nuestro equipo fundador de ChulucanasGym aparece en este artículo.

martes, 23 de febrero de 2021

Los beneficios del efecto placebo

Una estrategia para mejorar el tratamiento de enfermedades crónicas.

 


Cada año en todo el mundo, son millones las personas que son diagnosticadas con alguna enfermedad crónica, es decir, una serie de condiciones que debilitan la salud a largo plazo, y, que de no recibir atención inmediata, pueden empeorar conforme avanza el tiempo.

Algunas personas asumen la noticia como una sentencia de muerte, a pesar que las estrategias y los tratamientos han avanzado de manera significativa en las últimas tres décadas.

 

De hecho, muchos de ellos ahora están diseñados para atacar con más precisión el mal existente, reduciendo los molestos efectos secundarios que solían causar años atrás. Pero, la medicina convencional no será útil si es que el o la paciente no adopta una actitud que va más allá de los principios activos y las dosis prescritas.

 

El autoconvencimiento de que se experimentará una mejoría juega en gran parte a favor para lidiar, y hasta sobrevivir a las enfermedades crónicas. El holismo insiste en que la mente juega mucho en los procesos de recuperación de la persona, siempre y cuando esté debidamente armonizada.

 


Esta corriente sugiere que el cuerpo humano es proclive a enfermarse o atraer a la enfermedad si la desarmonización lo vulnera. El problema se agrava si creemos que hay personas o elementos que pueden propiciar tales enfermedades. A eso se denomina el efecto nocebo.  Un ejemplo es el “daño” o la brujería.

 

Hay división entre quienes practican el holismo, sobre si se debe o no incorporar a la medicina convencional; mas, especialistas independientes aconsejan que se integre para mejorar los efectos y garantizar el éxito de los tratamientos. Sin embargo, si se toma la teoría holística de que toda enfermedad es producida por la acumulación de decisiones equivocadas, o culpa, entre la concepción y los 12 años de edad, ¿es posible revertir el cuadro?

 

Lo opuesto al efecto nocebo es el efecto placebo, que no se refiere únicamente a la sensación de bienestar basado en alguien o algo, sino cómo esto se canaliza hasta conseguir una cura eventual. Un primer paso es la manera cómo se proporciona el tratamiento o plan de curación. La actitud de la persona que sana (médicos o médicas, o terapeutas) basada en sólo dar la receta ayuda, pero no necesariamente contribuye a la cura.

 


Muchas veces, lo que cataliza el éxito del tratamiento es la liberación de toda la energía mental negativa del sujeto. Saber escuchar, y en base a ello, saber aconsejar u orientar, resulta favoreciendo la curación de las personas. Por eso, pacientes con enfermedades crónicas que tienen una buena calidad de atención reaccionan mejor, y, si no se curan del todo, se aproximan a un estado que hace que el mal sea fácilmente manejable.

 

Pero, ¿qué pasa cuando el o la paciente regresa a casa?  Hay formas de complementar los logros del tratamiento del espacio clínico, lo que no significa convertir el hogar en otro consultorio, sino en seguir una estrategia muy provechosa, y que, con la actitud adecuada, ayudará en gran medida a la recuperación de la persona.

 

Si partimos de que la mente contribuye mucho en los procesos de curación, la base de todo es la autovaloración y el liberarse de los sentimientos de culpa.  Si bien muchas enfermedades pueden adquirirse por descuido, se debe hacer un quiebre y concienciarse que así como propiciamos la causa, podemos propiciar la cura.

Esa actitud depende del individuo.

 


Es lo mismo si no fuimos quienes arriesgamos nuestras vidas, sino que fuimos expuestos y expuestas por otras personas. En este sentido, saber manejar el rencor puede ser más saludable que sólo cumplir religiosamente el tratamiento: perdonarse y perdonar es el otro ingrediente. Sobre estas dos bases, aquí presentamos un plan que favorecerá cualquier proceso de sanación, pero que, recomendamos, debe ser coordinado con especialistas, para asegurar su eficacia.

 

  1. Alimentación sana: Dicen que persona enferma que come, no muere, y es bien cierto; pero, hay que seleccionar siempre aquellos alimentos saludables y naturales de ser posible. Las personas especializadas en nutrición pueden ayudarnos mucho, aunque sitios confiables de Internet también pueden ayudarnos en el esfuerzo. . aquí también se ubica la hidratación y el propio tratamiento con medicina. Todo es complementario.
  2. Respira, respira, respira: Las personas olvidan por completo que el aire que respiramos influye en nuestros procesos corporales. Así, mientras más puro sea, éstos serán mejores, especialmente la circulación de fluídos y el propio proceso respiratorio. Entonces, se debe garantizar la calidad del aire.
  3. Educa tus sentidos: El alma también se nutre, y lo hace a través de los sentidos. Si descuidamos lo que vemos, sentimos y oímos –además de lo que ingerimos y respiramos-, generaremos un desorden que no favorecerá al cuerpo. El ruido, la violencia gráfica y el maltrato físico, por mencionar algunos ejemplos, elevan nuestros niveles de estrés, y contribuyen a abrirle la puerta al deterioro de la salud; entonces, deberíamos buscar lo opuesto.
  4. Maneja tus emociones: Las personas siempre debemos luchar por generar ambientes de tranquilidad y armonía. La suma de los tres primeros puntos favorece tal estado. Claro que habrá un momento para todo, pero la idea es que las emociones negativas no se vuelvan la constante, de lo contrario, estropearán cualquier esfuerzo por equilibrar cuerpo, mente y espacio.

 

Como un complemento necesario, es importante la actividad física. Debemos coordinar con los y las especialistas que nos examinan, cuál sería la más adecuada para nuestro proceso de curación, pero nunca –a menos que se indique lo contrario- debe prescindirse de ella. Recordemos que, como el resto de los seres vivos, el cuerpo humano fue diseñado para la acción.

 

El modelo presentado en esta entrada es Christiam Tineo.